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Estudio del BID revela precariedad económica entre conductores de aplicaciones de transporte

El 88% de los pilotos de plataformas digitales de movilidad, que operan en Latinoamérica, carece de seguridad financiera y siete de cada diez vive con deudas, según una investigación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en ocho países.

Conductores esperan pasajeros mientras operan con aplicaciones de transporte, una actividad que, según un estudio del BID, no garantiza estabilidad financiera ni acceso a seguridad social en la región. (Foto Prensa Libre: Shutterstock).

La mayoría de las personas que trabajan en aplicaciones de transporte como Uber en Latinoamérica atraviesan algún tipo de dificultad económica, tienen deudas y no cotizan en la seguridad social, según un estudio realizado por la propia empresa junto con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en ocho países de la región.

El 88% de los conductores aseguró no tener seguridad financiera: el 54% por condiciones laborales inseguras y el 34% por estrecheces económicas. Además, el 75% dijo vivir con deudas, de acuerdo con los datos de la investigación.

Solo el 30% de quienes trabajan en Uber en la región cotizaba en un sistema de pensiones al momento de la encuesta, realizada en el 2024, que recabó información de más de 13 mil 700 personas en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, República Dominicana y México.

En promedio, los conductores trabajan 19.3 horas semanales e ingresan US$7.3 por hora, sin tener en cuenta los costos operativos como la gasolina. Esta cifra oscila entre los US$9 que se cobran en países como Argentina, Chile o Costa Rica y los US$5 que se perciben en Ecuador o República Dominicana.

Cerca de dos tercios de los conductores dependen de estos ingresos para cubrir necesidades básicas, asegura el BID.

"La plataforma ofrece inmediatez y liquidez, pero no necesariamente estabilidad", analiza el Banco Interamericano, que agrega que este tipo de trabajos en plataformas funciona "menos como una carrera y más como un amortiguador frente a los choques económicos o necesidades a corto plazo".

"Los conductores recurren a Uber durante recesiones, períodos de desempleo o crisis personales", asegura.

Un trabajo masculinizado

El 91% de quienes trabajan en Uber son hombres, forman parte de una familia de 3.5 integrantes en promedio y tienen una edad promedio de 41 años.

Además, más de la mitad ha concluido estudios universitarios o superiores: el 57% del total.

El 8% son personas migrantes; sin embargo, hay países como Chile que superan con creces este porcentaje: el 28% de los conductores de Uber en ese país nació en otro lugar.

Alrededor de dos tercios valora los horarios flexibles que ofrece conducir en Uber, mientras que el 76% declaró que su principal razón para empezar fue generar más ingresos, frente a un 52% que sostiene haber visto sus expectativas cumplidas en ese sentido.

Falta de protección

El trabajo en plataformas como Uber —agrupadas en las llamadas economías bajo demanda o economías colaborativas— ha sido cuestionado por la falta de seguridad que ofrecen a quienes las utilizan para generar ingresos, al quedar fuera del marco laboral tradicional.

Según el BID, en América Latina esta falta de protección social para los conductores "refleja un problema más amplio en la región": "Los trabajadores independientes, ya sean conductores, freelancers o pequeños emprendedores, suelen quedar fuera" de los sistemas de seguridad social.

El trabajo en estas economías bajo demanda suele presentarse como un "símbolo del futuro", pero el BID plantea que más bien es "un reflejo del presente", al retratar experiencias de "ingresos inestables, redes de protección débiles y la necesidad constante de adaptarse".

Uber, empresa con sede en Estados Unidos, reportó ingresos por US$14 mil 370 millones en el 2025, un 20% más que el año anterior.

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