¡Nos vamos con las rubias!

La cerveza carece de esas ínfulas aristocráticas, intelectuales o filosóficas que tiene el vino. Al contrario, solo recuerda tabernas y melopeas estruendosas. Conocer de vinos también se considera un atributo de distinción, pero saber de "birras" raya en la grosería. El bebedor de cerveza, además, se presenta como un individuo tosco que prefiere los placeres más adocenados e incultos que las delicias del espíritu.