Riqueza histórica de periódicos murales revolucionarios

Hace nueve años, en unas cajas que pasaron desapercibidas por décadas, fueron encontrados varios ejemplares de periódicos murales que fueron publicados durante el gobierno de Jacobo Árbenz (1951-1954), última evidencia de un tipo único de divulgación gubernamental de acentuada tendencia política,

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Edición de ¡Adelante!, del 19 de febrero de 1953, en la que se evidencia la preponderancia de la fotografía de gran calidad para que a personas que no sabían leer les pudiera llegar el mensaje gubernamental, en el que se destacaba el papel del agricultor. (Foto Prensa Libre, Esbin García)
Edición de ¡Adelante!, del 19 de febrero de 1953, en la que se evidencia la preponderancia de la fotografía de gran calidad para que a personas que no sabían leer les pudiera llegar el mensaje gubernamental, en el que se destacaba el papel del agricultor. (Foto Prensa Libre, Esbin García)

En estos medios se exaltaban los logros y proyectos de los programas de gobierno, y que llegaba a todo el país, dirigidos a sectores populares y campesinos.

María Eugenia Gordillo, directora de la Hemeroteca Nacional Clemente Marroquín Rojas, cuenta que al hacer un inventario de piezas del recinto, unos estudiantes de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac) que colaboraban como practicantes, hicieron el increíble hallazgo de estos periódicos, doblados en cuatro, con severos daños causados por el transcurrir de los años, pero que fueron restaurados con suma acuciosidad y esmero por el taller de encuadernación de la Hemeroteca. Se lograron salvar y resguardar 33 ejemplares de ¡Adelante! y Guatemala Nueva, cuya publicación era semanal.

De ¡Adelante! se tuvo la suerte de encontrar el primer número, publicado el 5 de agosto de 1951, apenas seis meses después de haber llegado Árbenz al poder —15 de marzo, habiendo obtenido el 63.98% de los votos —. Ambos, eran editados por la Secretaría de Propaganda y Divulgación de la Presidencia de la República, que estuvo a cargo del pedagogo Carlos González Orellana, quien asumió ese puesto en 1952 y que fue subsecretario de Educación durante el gobierno de Juan José Arévalo (1945-1951).

“El perfil de ese puesto —secretario de Divulgación— requería a una persona conocedora e identificada con la Reforma Agraria para apoyar una campaña educativa de divulgación de contenido social”, expone Emilsa Solares, en su artículo La obra de Carlos González Orellana sobre la educación superior (2003). Árbenz le solicitó a González Orellana en repetidas ocasiones que trabajara más cerca de él, afirma Solares, por lo que aceptó ser, además de educador, relacionista público.

La Secretaría de Propaganda y Divulgación de la Presidencia, anteriormente Departamento de Publicidad de la Presidencia, fue creada por Árbenz el 15 de marzo de 1951, dirigida en sus comienzos por Humberto González Juárez —militante del Partido Acción Revolucionaria (PAR) y jefe de Propaganda durante la campaña de Árbenz—, indica la socióloga e historiadora Patricia Borrayo.
Entre los colaboradores periodistas y literatos de esta secretaría figuraba Leopoldo Castillo Sáenz, Augusto Enrique Noriega, Francisco Monteros Madrigal Francisco Juárez y Haydeé Godoy, quien dirigía la Jefatura de Distribución.

Contenido

“¡Adelante!, nuestro periódico mural, está destinado a dar una orientación progresista y constructiva sobre todos los problemas nacionales que aborda el Gobierno, presidido por el coronel Jacobo Árbenz, con el objeto de informar e interesar a todos los ciudadanos en las obras de bienestar colectivo que se emprendan”, argumentaba el editorial del primer número sobre su aparición.

“Nuestros anhelos son que semanalmente ¡Adelante! llegue a todos los lugares de la República, especialmente a las aldeas, a las fincas, a los pueblos más alejados, para que se convierta en el mejor y más querido amigo de los guatemaltecos. Para hacer posible la distribución de nuestro periódico contaremos con la colaboración de las gobernaciones departamentales, municipalidades, guardia civil y escuelas. Cada uno de estos organismos fijará en el mejor muro el periódico para que esté al servicio de la ciudadanía”, expone dicho texto y que se describía a sí mismo como “órgano de la Revolución”.

Ambos periódicos informaban a la población acerca de los procesos y avances de gestiones y obras establecidas en los planes gubernamentales, especialmente, los concernientes a la Reforma Agraria —decreto 900, promulgado en 1952, para expropiar tierras ociosas—, la construcción de la carretera al Atlántico, hidroeléctrica Jurún Marinalá y puerto Santo Tomás, así como de futuros proyectos “para conseguir la elevación económica, cultural y social de nuestra Patria”. Brindaban consejos agropecuarios, en los que, en muchas ocasiones, se dirigían al lector en segunda persona.

Primer número del periódico mural, ¡Adelante!, del 5 de agosto de 1951, el cual se adhería a paredes de lugares públicos urbanos de todo el país, para que la población se enterara de los logros y obras del gobierno de Jacobo Árbenz. Este y otros ejemplares se resguardan en la Hemeroteca Nacional Clemente Marroquín Rojas. (Foto Prensa Libre, Esbin García)

Así mismo, se exaltaba la labor y apoyo a los agricultores “que harán prosperar el país”, al responder a su amplio programa social. Su objetivo, además, era rechazar la “campaña de difamación y conspiración” contra el gobierno que buscaba “liberarse económicamente” con su “movimiento progresista”, que comenzó en 1944, y “rechazar toda intervención extranjera”. También alertaba a la población de no hacer caso a acusaciones opositoras.

Cabe destacar que antes de la Reforma Agraria, 76% de las fincas del país tenían menos de cinco hectáreas y solo representaban 10% del territorio; en cambio, el 2.2% de propietarios eran dueños del 70.6% de la tierra.

Además, cuatro compañías estadounidenses controlaban la producción bananera, el ferrocarril, los teléfonos, telégrafos y seguros, así como cuatro radios.

Guatemala Nueva comenzó a editarse aproximadamente un año después de ¡Adelante!, pues en la edición del 30 de junio de 1953, se indica que ese fue el segundo año de publicación.

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Se colocaban en puntos visibles en donde el tránsito de personas era constante. Los gobiernos locales departamentales que estaban en sintonía con el gobierno de la Revolución los exhibían en las entradas de edificios públicos y recintos abiertos que proporcionaban un espacio de resguardo y conservación, y en donde estaba garantizada la afluencia masiva, refiere Artemis Torres Valenzuela, exdirectora de la Escuela de Historia de la Usac. “Aunque no llegaban a toda la población, se concentraban en espacios relativamente urbanos, así la continuidad era, en gran medida, labor de la oralidad”, refiere.

Según el Censo Poblacional de 1950, en el país vivían 2 millones 790 mil habitantes de los cuales, más del 70 por ciento hablaba otro idioma diferente al español. El porcentaje de alfabetismo en el área rural para mujeres era de 4% y para hombres, de 12%, por lo que el impacto mediático de una publicación mural como ¡Adelante! se circunscribe a la élite alfabeta de las ciudades”. dice Borrayo.

Gordillo deduce que por la alta tasa de analfabetismo de la época, probablemente, se llamaba a la población con un grito de “¡bando!”, para que se reunieran los habitantes en alguna escuela o municipalidad cuando llegaba la nueva edición del periódico mural, el cual era leído por el alcalde o gobernador en voz alta, para que todos se enteraran del contenido.

Familiares de Torres Valenzuela que vivieron en la provincia durante la época refirieron que los periódicos murales, así como logros del gobierno, se leían a través de la radio. El abuelo de la historiadora, Víctor Valenzuela, quien fue alcalde de Jutiapa durante el gobierno de Árbenz y postulado por el PAR, gestionó bocinas a su amigo Humberto González Juárez —secretario de Propaganda y Divulgación, como se mencionó anteriormente y originario de ese departamento—, las cuales fueron colocadas en el kiosco del parque de la cabecera departamental para tal fin. Un encargado en cada cantón y aldea se encargaba de la difusión de estos periódicos.

Su diseño le daba preponderancia a las fotografías de gran calidad para reforzar el discurso visual para quienes no sabían leer. Al final, eran periódicos efímeros, pues se pegaban con engrudo en las paredes, y posteriormente se retiraban con agua, asevera Gordillo, quien los considera “el más grande hallazgo del periodismo de aquel tiempo”. La periodista afirma que el actual gobierno, en estos momentos de pandemia de covid-19, podría tomar su ejemplo para divulgar los beneficios de la vacunación y desmentir los mitos que hay en la provincia acerca de esta.

Tomando en cuenta un informe de abril de 1954 sobre material impreso por la Tipografía Nacional, consultado por Borrayo, se detalla que el número de folletos entregados en el primer trimestre de ese año fue de 87 mil, por lo que se calcula que el tiraje de los periódicos murales semanales fue de una cantidad similar, pues no se encontró ese dato para dichos medios.

Estos periódicos estatales rescatados son de gran relevancia no solo para la historia del periodismo del país sino para su patrimonio y acervo cultural, pues no se tiene conocimiento, hasta el momento, de una colección tan grande de ellos.

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Thelma Pérez, directora del Museo de la Tipografía Nacional, lugar donde se imprimían ¡Adelante! y Guatemala Nueva, indica que, lamentablemente, no albergan ejemplares de estos medios y expresó su asombro de que se hayan logrado salvar de su destrucción, pues luego del derrocamiento y renuncia de Árbenz —27 de junio de 1954—, gran cantidad de material impreso producido durante los gobiernos revolucionarios fue quemado, por ser considerado “comunista”. “La Revista de Guatemala, al igual que otras publicaciones de la época, fueron quemadas en hogueras públicas por ser consideradas propaganda comunista”, coincide Solares.

“Los libros editados por la Tipografía Nacional, con fines didácticos para la campaña de alfabetización u otros temas relacionados con la expansión del conocimiento científico, fueron llevados hacia lugares públicos para ser destruidos ante el pueblo. Se incluyeron películas, informes de gobierno y todo lo relacionado con el proceso revolucionario, para borrarlo de la memoria colectiva”, señala el doctor en Historia del Arte Fernando Urquizú en su libro Historia de las ideas y del arte en la Nueva Guatemala de la Asunción 1776-2015 (2015). “Se recuerdan las enormes piras de obras proscritas que eran devoradas por las llamas en la Plaza de la Constitución, en medio de encendidos discursos anticomunistas, como libros, escritos y gráficos”, añade Urquizú.

Edición de Guatemala Nueva, del 30 de junio de 1953, donde se comparan los logros alcanzados por la Revolución Liberal de 1871, representados con el rostro de Justo Rufino Barrios, con los de la Revolución de 1944, acompañados con la efigie de Árbenz. “Fue difícil eliminar de tajo el sistema ideológico que liberales habían construido en la memoria colectiva”, dice el historiador Fernando Urquizú. (Foto Prensa Libre, Brenda Martínez)

Grabados

Desde su aspecto ilustrativo, son de gran relevancia los grabados con enfoque revolucionario del artista mexicano Arturo García Bustos y de los guatemaltecos, José López, Víctor Manuel Aragón, Gadef y Uramas, así como de otros autores anónimos, que solían ocupar más del 50 por ciento del periódico mural.

“Rechazando con energía todo acto de intervención extranjera”, se lee en letras de gran tamaño en una de las ediciones de Guatemala Nueva de 1953, en la que se observa un grabado de García Bustos titulado Intervención extranjera. En estos casos, la composición de este periódico —de 74.7 x 55.4 cm— adquiría un diseño de afiche propagandístico, además de que fungía como un medio masivo de difusión de obras de artistas guatemaltecos. Algunas de sus ediciones fueron impresas en fondo rojizo o con fotografías azules o verdes. Llama la atención que para el logo de ¡Adelante! y Guatemala Nueva no se utilizaba el mismo tipo de letra para todos los ejemplares.

“Árbenz y su equipo de trabajo compartían el criterio de que a través de la participación de la población en las artes, mejoraría la sensibilidad espiritual de las masas y les permitiría tener acceso a las obras de mayor creatividad de la humanidad”, escribió Celso Lara en su artículo El legado de Jacobo Árbenz Guzmán, en la cultura y el arte de los guatemaltecos.

“Por sus características artísticas, cada uno de los periódicos murales es una obra creativa y hoy, un testimonio o una fuente histórica que documentó lo que en ese momento sucedía en el país”, refiere Torres Valenzuela. “Esta colección es una muestra gráfica que reunió obras de artistas identificados con la Revolución. Algunos de ellos se habían formado en escuelas extranjeras, gracias al apoyo de becas proporcionadas por estos gobiernos”, dice.

“Arturo García Bustos, al igual que otros importantes autores, participaban o simpatizaban con el gran proyecto revolucionario, por lo que sus obras se inspiraban en los logros de este suceso político y, por consiguiente, exaltaban y posicionaban a través del arte, cada una de sus realizaciones”, indica la historiadora. “El objetivo informativo de los periódicos murales se fundía con la intención didáctica de enseñar al pueblo, pues las composiciones, muchas veces, incluían no solo los grabados sino, además, breves textos, fotografías y en alguna ocasión hasta poemas populares”, refiere.

Edición de Guatemala Nueva, del 19 de septiembre de 1953, en el que sobresale el grabado de Arturo García Bustos, titulado Intervención extranjera (1953), y que es parte de la colección Testimonio de Guatemala, la cual se alberga en el Museo de la Universidad de San Carlos de Guatemala. (Foto Prensa Libre, Esbin García)

“García Bustos plasma en su arte una realidad social de mucha miseria humana. Él, al igual que otros artistas, buscaron reflejar estas condiciones de inequidad social para crear una conciencia colectiva a favor del bien común”, enfatiza Borrayo.

“Los periódicos murales y los grabados eran una manera que empleaba el gobierno y los artistas independientes para llevar su mensaje. Tenían que ser muy didácticos para llegar a la población analfabeta. El grabado es un arte para el público, no tan fácil de vender, pero sí muy pertinente para llevar el mensaje político”, opina el historiador e investigador Mynor Carrera Mejía.

“La década revolucionaria se caracterizó por la democratización del arte político en todas sus manifestaciones, pero, sobre todo, en los diarios de circulación nacional como el Diario de Centro América con su página de Literatura y Arte, a cargo de Ricardo Barrios Galindo, y la página Saker-ti, publicación semanal de artistas y escritores jóvenes de ese entonces, que fue dirigida por Carlos Navarrete y Ricardo Toledo”, indica Borrayo.

Tanto Gordillo como Borrayo coinciden en que estos periódicos murales se publicaron únicamente en la época de Árbenz, pues con la llegada de la contrarrevolución, se destruyó todo proyecto social de Juan José Arévalo y Árbenz, quienes remarcaron con insistencia la necesidad de impulsar el capitalismo.

“Una especie de ironía histórica fue que a la Revolución de 1944 no le dio tiempo de desarrollar su expresión artística propia desligada del liberalismo y cortada por la intervención de la contrarrevolución de 1954”, refiere Urquizú.

“Si la contrarrevolución. apoyada por Estados Unidos en 1954 no hubiese fructificado, el destino de Guatemala fuera otro, pues lo que Árbenz pretendía era hacer de Guatemala un país no dependiente, adscrito al capitalismo y al desarrollo de una nueva sociedad mundial”, enfatizó Lara.

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Influencia artística

A partir de la 1950 las luchas políticas y sociales se agudizaron y gran parte del trabajo artístico de los inicios de la década fue un reflejo del entusiasmo por los movimientos populares, hasta el punto de que algunos artistas llegaron a comprometerse con diferentes grupos y actividades políticas, expone la Historia General de Guatemala.

En 1952, por invitación de Luis Cardoza y Aragón, la Secretaría de Información de la Presidencia de la República contrató al grabador y muralista mexicano Arturo García Bustos para que organizara un Taller Libre de Grabado, en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, patrocinado por la Revista Guatemala y el Grupo Saker-Ti. Participaron Rina Lazo —esposa de García Bustos—, Arturo Martínez, Jacobo Rodríguez Padilla y Víctor Vásquez Kestler.

El taller, dirigido por García Bustos, se amplió a la producción de estampas con mensajes revolucionarios que exaltaban los logros sociales de los gobiernos de Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz, que se referían a tópicos como la Reforma Agraria, la intervención extranjera, las luchas sociales y las reformas económicas e institucionales.

Los grabados de García Busto fueron 11, pertenecientes a la serie Reforma Agraria, al emplear el arte como una denuncia pública, indica Mynor Carrera.

Luego de la caída de Arbenz, el artista mexicano regresó a su país, donde continuó con la creación de grabados, colección que llamó Testimonio de Guatemala. Aún pudo ver a Frida Kalho, su maestra y activista social izquierdista, quien apoyaba al pueblo de Guatemala. En la entrada de la casa de la artista había dos banderas entrecruzadas, la de Guatemala y la de México, cuenta Carrera.

Grabado de Arturo García Bustos Guatemala Nueva (40 x 31 cm), de la colección del Musac, que aparece en uno de los periódicos murales de enero de 1954 (arriba). (Foto Prensa Libre, cortesía del Museo de la Usac)

Logros de la revolución de 1944

  • Algunas de las metas alcanzadas por los gobiernos de la “primavera democrática”:
  • Reforma Bancaria y Monetaria
  • Ley de Fomento Industrial
  • Constitución del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social
  • Creación del Ministerio de Trabajo y promulgación del Código de Trabajo
  • Construcción de Escuelas Tipo Federación y de la carretera al Atlántico
  • Planificación de la central hidroeléctrica Jurún Marinalá
  • Fundación del Banco de Guatemala y Nacional Agrario.
  • Aprobación de la autonomía de la Usac.
  • Reconocimiento de la mujer como ciudadana y, en consecuencia, se le dio derecho a ejercer su voto.