¿Privatizar como solución?

Opinión

Las empresas privadas exitosas lo son porque además de eficaces son eficientes. En cualquier negocio, los beneficios económicos, producto de una buena gestión empresarial, constituyen el principal estimulo para continuar. Sin son escasos, reducen el interés; las perdidas lo hacen insostenible; no proveer un buen servicio —bien recibido por los consumidores— o no hacerlo al mejor precio posible, hace que el negocio quiebre inevitablemente en el corto plazo.

Gestión sin resultados

Opinión

Impacta ver un organismo ejecutivo tan desdibujado y carente de sustancia como el que tenemos en la actualidad. Los ministerios y secretarías navegan cual barcos fantasmas: pasan los días, las semanas y los meses sin que terminemos de ver las señales más básicas de por dónde enrumban su actuar, mucho menos que se impulsa una agenda concreta de trabajo que no sea una mera respuesta inercial. Tanto quienes encabezan la administración de gobierno como los propios ministros/as parecen enajenados de una realidad cada día más lacerante. Parecen cegados por las luces de su efímero poder, mientras la mitad de la población sigue en situación de pobreza, con hambre, desnutrida crónica (no es solo un problema de la niñez, le cuento), sin servicios de salud; somos un país donde la matrícula escolar se reduce ante el auge del trabajo infantil, obligado por la precariedad creciente de los hogares. País de niñas con embarazos forzados, mujeres agredidas de todas las maneras posibles; de pilotos, tenderos y ciudadanos de a pie extorsionados y asesinados; a merced de las pandillas. La perenne demanda ciudadana insatisfecha termina siendo el principal factor de que miles de gentes sigan buscando su futuro en la frontera norte.

El infierno guatemalteco

Opinión

Siempre he visto el actual gobierno como uno de transición, en el sentido de no esperar de él más que logren el restablecimiento del funcionamiento básico de la institucionalidad pública que fuera devastada luego del Huracán Patriotero 2012-2016. Conste que mi expectativa de lo que se puede lograr en estos cuatro años no entraña para nada un dejo despectivo: es producto, más bien, de la plena conciencia y conocimiento del nivel de disfuncionalidad, corrupción y daño que encontraron —y persiste— en todas las instancias de la administración pública. Por eso nunca entendí por qué les costó tanto armar un documento de plan de gobierno: bastaba con que tuvieran eso claro, que debían enfocarse en restablecer esa funcionalidad básica para ya dejarle un legado útil a la sociedad.