Fallece la poetisa guatemalteca Lucy Aldaz

“Nací para acariciar la vida intensamente y morir en ella varias veces en cada sufrimiento”. Este es uno de los versos escritos por la escritora guatemalteca Lucy Aldaz, quien falleció el domingo 1, a los 81 años, como consecuencia de una embolia que sufrió hace varios años.

Lucy Aldaz fue una prolífica poetisa guatemalteca, fallecida el domingo 2. (Foto, Hemeroteca PL)
Lucy Aldaz fue una prolífica poetisa guatemalteca, fallecida el domingo 2. (Foto, Hemeroteca PL)

Aldaz, nacida en 1938, “comenzó su camino por las letras después de haber tenido una vida de retos, luego de haber enviudado y sacado, sola, a sus dos hijos adelante. Ella luchó mucho”, explica María Eugenia Gordillo, promotora cultural y fundadora de Premio Artista del Año. Por su destacada trayectoria literaria, Gordillo le otorgó la medalla Vicente Laparra de la Cerda.

La autora de unas 15 obras literarias, además, fue una talentosa bailarina de baile español, agregó Gordillo. “Lucy, desde muy pequeñita, cuando oía música se deslizaba suavemente en la sala de su casa, transportándose a su mundo interior como una bailarina profesional, así fue como ella se volvió gran intérprete de la danza flamenca en Guatemala”, se lee en su página web. Su maestro fue Paco Galiano.

Entre sus poemarios destacan Deshojando sentimientos, Abriendo… la ventana de mi alma, Luces del espíritu, Murmullos de Amor, Sueños del alma e Ilusión de primavera, así como su novela Historia de cristalino amor (2002), con la que incursionó en el campo de la narrativa, en forma testimonial y biográfica, en la que narra un amor filial de una nana hacia su niña.

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Luego de de esta obra seguiría, siempre en este género, Regresaré en el otoño (20002), en el que el lector experimenta el fuego amoroso de dos seres de diferente edad, y Volver a vivir (2005). Sus poemas también se pueden leer en varias antologías como la Nueva poesía y narrativa hispoanoamericana actual.

Gordillo recuerda que Aldaz era una persona que gustaba de participar y apoyar en las actividades culturales. “Era una persona muy guapa y alta, era muy alegre, sociable y humana, siempre estaba dispuesta a colaborar en lo que le pidieran”, recuerda la también directora de la Hemeroteca Nacional de Guatemala.

Aldaz también era conocida por declamar poemas de su repertorio en diferentes actividades culturales.

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Dictó conferencias sobre sus obras en centros educativos, donde leían sus libros, y entre sus reconocimientos están el que recibió en Nicaragua por su obra Regresaré en el otoño, recibió carta de felicitación de San Juan Pablo II por su poema Los 10 mandamientos y formó parte de la junta directiva del Seminario de Cultura Mexicana, corresponsalía Guatemala.

“La poesía de Lucy conmueve porque sus palabras están organizadas al tomar del universo el sentimiento para integrarlo a los seres humanos. Ese mensaje se puede captar y asimilar, pues elabora pensamientos donde se encuentra el fragor de sus versos o la dulzura de un poema de amor”, indicó Carlos Cáceres, consejero de la Embajada de México, cuando presentó el poemario de Aldaz Oleaje de sentimientos, en el 2010.

Gordillo expone que participó en la entrega del premio “la choca de oro” que recibió Aldaz, otorgado por la Plataforma Cultural de Tabasco, en el Teatro de los Escritores, México, por ser una mujer destacada en la literatura, por lo que se le conocía como “la Corín Tellado de Guatemala”. En el país vecino también recibió el Pakal de Oro.

A continuación, se incluyen dos poemas de su vasta producción lírica:

Si no te hubieras ido

¡Si no te hubieras ido…!
tus seres queridos no hubiesen navegado
en olas de tempestad, tormenta y obscuridad
ni hubiesen sus almas caminado en desamparo
en el interminable río de horas,
ni sufrido, ni vivido la angustia de la maldad humana.

Tu mundo y tu fuerza
lo constituían nuestro calor
y los frutos de nuestro amor
y nuestro mundo y nuestra fuerza
eran tu luz y tus ojos serenos,
tu calma y tu alma en paz.

¡Si no te hubieras ido…!
los retoños que sutilmente brotaron,
no hubiesen, por tu ausencia, tropezado
con el dolor penetrante de las espinas de la vida
y hubiesen florecido más libres y alegremente
cual apacible y cristalino manantial.

¡Si no te hubieras ido…!
¡Señor… Tú te lo llevaste,
Sólo Tú, Señor, sabes por qué!

Quiero…
(A mis hijos y a la juventud)

Quiero…
Que los jóvenes sean rocas ante la tempestad,
pero sensibles a las espinas de la vida.
Que descubran dentro de la sencillez, la grandeza,
alimenten su interés en el universo del conocimiento
y el valor de la experiencia en la escuela de la vida,
sean luz que alumbren y reconforten al prójimo
y formen ríos cristalinos de honestidad y humildad
que desemboquen en el océano de la paz interna.

Quiero…
Que los fracasos sean hierro que templa el acero,
alcancen dominio propio y tenacidad para nuevos retos,
sus senderos sean rectos y sin duros tropiezos,
pero que también aprendan a caminar cuesta arriba,
experimenten el sabor de la gratitud,
el tesoro de la diáfana amistad
y la satisfacción enaltecedora del trabajo,
cultiven conciencia sana para descubrir errores,
rectificar y conocerse a sí mismo.

Quiero…
Que amen al Señor sobre todas las cosas,
gocen de Su bondad y del rocío de Su misericordia,
sientan Su luz y guía en su existencia
y cuando con sabiduría y tolerancia
mis hijos, su altura hayan alcanzado
yo pueda decirte Señor:
He sembrado y he florecido, mi misión ha culminado,
¡Estoy lista para ir contigo!

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