¿De qué se compone la felicidad? El antropólogo francés Marc Augé lo explica en su más reciente libro.

En la vida hay pequeñas alegrías, son momentos de felicidad repentina e inesperada, pero al mismo tiempo son intensas, tanto que quedan para siempre en nuestra memoria. Reconocerlas y valorarlas es la escuela que la vida ha dejado al octogenario académico Marc Augé.

La felicidad se compone de las pequeñas alegrías diarias, asevera Marc Augé. ( Foto: Pixabay).
La felicidad se compone de las pequeñas alegrías diarias, asevera Marc Augé. ( Foto: Pixabay).

El antropólogo francés Marc Augé, quien a sus 83 años acaba de publicar el libro Las pequeñas alegrías, explica que la felicidad se compone de las pequeñas alegrías diarias, como ver una buena película, reencontrarte con un amigo u otros placeres que cada uno disfruta subjetivamente.

Augé, quien ha hecho grandes aportaciones al mundo de la antropología con conceptos como el “no-lugar” y el “sobremodernismo”, reconoce que es reacio a abandonar su profesión pese a su avanzada edad.

La publicación más reciente del académico tiene el mismo nombre que el famoso ensayo del filósofo alemán Hermann Hesse, que trata sobre el carácter fugaz de la felicidad humana, y Augé reconoce que esta coincidencia no ha sido fruto de la casualidad.

“Fue una decisión que tomamos junto con la editorial porque el título en francés (Bonheurs du jour) es difícil de traducir, y las pequeñas alegrías plasmaba la idea que quiero explicar en la obra y nos parecía un guiño al texto de Hesse, que es muy simbólico en el mundo de la antropología”, señala el autor.

Las pequeñas alegrías trata sobre momentos de felicidad repentina e inesperada, alegrías pequeñas, sencillas, a la vez que intensas y quedan para siempre en nuestra memoria, según el antropólogo.

Las vivencias personales del autor son el hilo conductor y la base del ensayo: “me expongo y hablo de mí. Mis experiencias personales han sido el material literario y creativo con el que he elaborado este libro”, revela.

Indica además que el Producto Interno Bruto de un país no marca la felicidad de sus habitantes, ya que la alegría es algo diferente para cada individuo, no obstante, sí cree que “la riqueza de un país influye más en la infelicidad de las personas”.

El antropólogo francés Marc Augé (83), acaba de publicar “Las pequeñas alegrías”. (EFE)

Guiños literarios

Su escuela de vida no es la única manera que Augé usa para escenificar su reflexión sobre la alegría humana, ya que también recurre a tópicos de la literatura, como los que usaron novelistas franceses del siglo XIX, como Stendhal y Gustave Flaubert por los que siente “debilidad”.

A pesar de ser más fanático de los libros que del cine, reconoce que hay una película que marca su carrera: Casablanca, título que también le puso a uno de sus primeros libros que, a pesar de no ser el más conocido, es al que le guarda más aprecio, ya que habla de sus recuerdos.

“Me encanta la historia que se vive en Casablanca, a pesar de sus errores históricos, tengo una relación muy personal con la película, el momento en que Ilsa Lund, interpretada por Ingrid Bergman, aparece en el bar de Rick (Humphrey Bogart) es un ejemplo de una escena que me da felicidad”, confiesa.

La felicidad está en buena película, reencontrarse con un amigo o en otros placeres que cada uno disfruta subjetivamente. (Foto: Pixabay).

En cuanto a sus reflexiones más conocidas, como el “no-lugar” y el “sobremodernismo”, conceptos que lo convirtieron en autor best seller en EE. UU. y Francia, Augé dice que, con el tiempo, se ha dado cuenta de aspectos de sus obras que en el momento de escribirlos no percibió.

Es el caso del concepto del “no-lugar”, que es una de sus ideas más emblemáticas, ya que lo escribió partiendo del concepto de lugar de las tribus africanas. “Cuando estaba en Costa de Marfil conviviendo con las tribus indígenas me di cuenta de que tenían una estructura muy rígida: está muy definido dónde viven, quién son, las normas sociales y las conductas”, recuerda el antropólogo.

En estas tribus, todo el mundo adopta un rol determinado del que no debe salir, y el paralelismo con el mundo occidental que el autor establece es con “vivir en un pueblo pequeño en que todo el mundo se conoce”.

“El lugar en este sentido es lo opuesto a la libertad, es muy restrictivo”, sentencia el intelectual francés, que equipara la importancia de este concepto con “el del no lugar”.

De acuerdo con el antropólogo, “el ‘no lugar’ son espacios alrededor del mundo en los que las personas no están restringidas a nivel social o demográfico, son espacios tránsito que no te atan a ellos, como el caso de supermercados y aeropuertos, en que las personas solo están de paso”.

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