Las niñas (y los niños)

Si lográramos ponerle freno al machismo que tantos y tantas llevamos dentro (hay grados, obviamente), las niñas serán para sí mismas y para el mundo que habitan las mujeres de una humanidad distinta. Pero todavía hoy, en varios lugares de Guatemala se celebra el nacimiento de un “varoncito” con caldo de gallina y un buen trago, mientras que el de la “hembrita” supone solo un atole para la madre. Todavía hoy, en ciertas partes de nuestro país, la comadrona entierra la placenta en sitios distintos, según el sexo del bebé que ayudó a traer a la vida. Si nace niño, ella entierra la placenta en el huerto o debajo del árbol más frondoso de la casa; si nace niña se entierra cerca del fuego, donde se hace la comida.

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