La teología cuestiona la guerra y llama a priorizar la dignidad humana
En medio de tensiones globales y narrativas enfrentadas, la fe emerge como un punto de debate. Dos teólogos analizan el papel del creyente, los riesgos de la polarización y las claves éticas para responder a la guerra desde la dignidad humana y la construcción de paz.
En marzo del 2026, decenas de feligreses evangélicos se congregaron en la Plaza de la Constitución y oraron por la paz. La reunión fue denominada "Tomando mi Nación", organizada por distintas iglesias evangélicas de Guatemala. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
La teóloga y catedrática de la Universidad Rafael Landívar, María de la Luz Ortiz, critica la guerra desde la teología y considera que los conflictos entre potencias reflejan una “absolutización del poder y de la seguridad nacional por encima del bien común”. Según Ortiz, la teología propone una visión de paz basada en la justicia, la verdad y la solidaridad entre los pueblos. En ese sentido, advierte que “el lenguaje de la fuerza ha sustituido al del derecho”, lo que evidencia una crisis ética en la política internacional.
La fe enfrenta un desafío. Por un lado, puede verse puesta a prueba ante el sufrimiento y la incertidumbre; por otro, puede fortalecerse y convertirse en una “esperanza activa” que impulse la solidaridad y el compromiso ético. La teóloga señala que los Estados, especialmente las grandes potencias, “deben estar al servicio de las personas y de los pueblos”, y no de intereses económicos, militares o culturales que se benefician de los conflictos. Desde su perspectiva, estos escenarios evidencian lo que denomina “pecado estructural”; es decir, sistemas que favorecen la violencia y la desigualdad.
Ortiz subraya que la fe cristiana “no puede ser neutral” frente a la guerra ni justificarla, ya que esta representa “un fracaso de la humanidad”. Por el contrario, el creyente debe priorizar la protección de la vida, en especial de las poblaciones más vulnerables, y actuar conforme a principios de justicia y respeto al derecho internacional. Respecto del uso de la fuerza, sostiene que la teología solo lo contempla como “último recurso”, cuando se han agotado todas las vías de diálogo y mediación, y siempre bajo criterios estrictos que garanticen el respeto a la dignidad humana. Sin embargo, advierte que el contexto actual, marcado por armas de destrucción masiva y daños colaterales, pone en riesgo la vida de las personas.
Liderazgo religioso
En cuanto al papel de los líderes religiosos, indica que deben promover la paz, evitar discursos de odio y actuar con coherencia entre sus palabras y su testimonio. “Su autoridad no proviene del poder, sino de la coherencia con la vida”, afirma. Asimismo, advierte sobre el riesgo de utilizar la religión para justificar la violencia. En ese sentido, destaca la importancia de una formación teológica sólida, ya que “cuando la fe se separa de la razón y de la ética, corre el riesgo de legitimar la violencia”. También enfatiza la necesidad de fomentar el diálogo, la autocrítica y la denuncia de cualquier instrumentalización religiosa con fines políticos.
Finalmente, considera que las crisis globales pueden convertirse en una oportunidad para fortalecer una fe más comprometida con la realidad social. Estas situaciones, señala, invitan a pasar de una fe abstracta a una vivencia concreta que promueva la solidaridad, la responsabilidad y la defensa de la vida.
“La teología denuncia las estructuras de poder que sostienen la guerra y afectan a los más vulnerables”

Religión y paz en tiempos de conflictividad
Ante un escenario global marcado por conflictos y desinformación, la fe cobra un papel clave. El teólogo Nelson García aborda los riesgos de la polarización, el rol de los líderes religiosos y la importancia de formar conciencia para promover la paz, tanto en el ámbito internacional como en las comunidades locales.
¿Cómo puede la fe ayudar a enfrentar el miedo ante una posible escalada global de la guerra?
Es necesario entender el contexto actual y recurrir a orientaciones como las que ofrece la doctrina social de la Iglesia, por ejemplo, en Fratelli tutti. Allí se encuentran claves para no sucumbir al miedo ni a la desesperación. La principal actitud del creyente es la fe en Dios. Aunque algunos cuestionen el valor de la oración en contextos bélicos, desde la fe se reconoce que de Dios proviene la paz y que Él sostiene la esperanza.
En tiempos de incertidumbre, es fundamental acudir a criterios sólidos para evitar caer en ideologías, propaganda o desinformación. El respeto al derecho internacional y a instrumentos como la Carta de las Naciones Unidas sería determinante si se aplicara correctamente.
Desde la perspectiva de la teología, ¿qué caminos hay hacia la paz en medio de estos conflictos?
La doctrina social de la Iglesia es una guía segura, porque traduce los principios del Evangelio en consecuencias sociales. Uno de los principios fundamentales es la inviolabilidad de la dignidad humana. Basta una sola víctima para cuestionar el rumbo de una sociedad. Frente a la polarización, no se trata de tomar partido por una potencia, sino de evitar caer en posturas ideologizadas.
¿Qué papel deben asumir los líderes religiosos frente a decisiones políticas que conducen a la guerra?
Los líderes religiosos están llamados a asumir un papel ético y profético, no partidista. No deben sustituir a los actores políticos, sino iluminar la conciencia desde principios fundamentales como la dignidad humana, el valor de la vida, el bien común y la primacía de la paz. Deben alzar una voz crítica frente a toda lógica que normalice la muerte o el sufrimiento civil. Esta postura es humanizadora.
Su referencia principal debe ser la voz de las víctimas, especialmente de los más vulnerables.
¿Cómo evitar que la religión sea usada para justificar conflictos?
El criterio fundamental es que una religión auténtica humaniza. Si no humaniza, no cumple su propósito. También es clave una correcta interpretación de los textos religiosos, entendiendo su contexto histórico. En el cristianismo, estos textos se releen a la luz del Evangelio. Cuando se sacan de contexto, pueden ser utilizados para justificar violencia o intereses de poder. Por ello, la interpretación debe estar siempre al servicio de la dignidad humana.
Y es lo que estamos viendo: figuras bíblicas que hoy en día se están instrumentalizando, terriblemente: Sansón, David, figuras como la tierra prometida. Tipologías sacadas de su contexto pueden ser instrumentalizadas para justificar promesas de Dios, para justificar alianzas que Dios ha hecho con determinado pueblo, y ahí entramos en una incertidumbre enorme.
¿Qué riesgos existen cuando los creyentes adoptan posturas polarizadas frente a conflictos internacionales?
La polarización también puede manifestarse desde posturas extremadamente conservadoras, alejadas de la realidad social y del sufrimiento humano, así como desconectadas de procesos efectivos de humanización. Cuando un creyente adopta este tipo de posturas, las consecuencias impactan tanto a la fe como a la sociedad. En el caso de los conflictos internacionales, el riesgo de polarización es permanente, debido a las narrativas que se difunden y que posicionan a las potencias mundiales desde perspectivas parciales.

¿Qué acciones concretas puede tomar una comunidad religiosa para promover la paz desde lo local?
Más que centrarse únicamente en acciones hacia el exterior, las comunidades religiosas deben fortalecer su trabajo interno. Esto implica formar la conciencia de sus miembros y profundizar en sus fundamentos, especialmente en sus textos sagrados. En el contexto guatemalteco, donde predominan las comunidades cristianas —católicas y evangélicas—, este proceso implica releer e interpretar adecuadamente la Biblia para formar criterios sólidos en sus integrantes. Una comunidad bien formada internamente podrá proyectar acciones más coherentes hacia el exterior, como la promoción de la justicia, el bien común, la no discriminación y la paz.
Si una comunidad se limita al activismo sin una base formativa sólida, corre el riesgo de reproducir la misma polarización que busca evitar.
¿Cómo puede un creyente discernir información confiable en medio de la desinformación sobre los conflictos globales?
El principal problema hoy no es la falta de información, sino su exceso. Existe una sobreabundancia de contenidos que dificulta discernir qué es verdadero y qué es falso. Ante este panorama, el creyente debe apoyarse en criterios éticos como la veracidad, la honestidad, la transparencia y la imparcialidad.



