Internacional
¿En qué consiste la política de “mano dura” que Laura Fernández promete aplicar en Costa Rica?
Laura Fernández asumió la presidencia de Costa Rica con un plan de mano dura contra el crimen y una megacárcel inspirada en Bukele.
La nueva presidenta de Costa Rica, Laura Fernández, anunció una estrategia de “mano dura” contra el crimen organizado que incluye la construcción de una megacárcel para cinco mil presos, un centro nacional de vigilancia y reformas al sistema estatal y judicial, como parte de un plan para enfrentar el narcotráfico y la violencia en el país.
Durante su discurso de investidura, Fernández aseguró que impulsará una “reforma profunda” del Estado y afirmó que no le “temblará el pulso” para combatir a las estructuras criminales. La mandataria gobernará Costa Rica durante el periodo 2026-2030 y se presentó como heredera política del expresidente Rodrigo Chaves, cuya administración mantuvo un discurso de confrontación contra el crimen y la clase política tradicional.
“La reforma que necesitamos es profunda y la vamos a impulsar sin miedo, sin vacilaciones, con resolución”, declaró la presidenta durante la ceremonia de investidura celebrada en San José, ante representantes de 71 delegaciones internacionales.
Megacárcel, vigilancia y combate al narcotráfico
Uno de los anuncios centrales de Fernández fue la construcción de una megacárcel inspirada en el modelo de seguridad del presidente salvadoreño Nayib Bukele. Según explicó, el recinto tendrá capacidad para cinco mil reclusos y estará enfocado en encarcelar a integrantes de estructuras criminales y narcotraficantes.
La presidenta también adelantó la creación de un Centro de Control y Comando (C5) de seguridad para coordinar operaciones policiales, vigilancia e inteligencia criminal.
“A las madres que han perdido a sus hijos les digo que su dolor no me es ajeno. Aplicaré una respuesta de mano dura que es lo que ustedes esperan y merecen de mí como su presidenta”, expresó Fernández.
La mandataria añadió que las medidas de seguridad no tendrán efecto si el sistema judicial continúa liberando a delincuentes peligrosos y cuestionó lo que calificó como una cultura del “pobrecito” en las leyes penales.
Fernández aseguró que su Gobierno respetará los derechos humanos y la división de poderes, aunque insistió en que Costa Rica “no puede aceptar que el narcotráfico encuentre grietas en el sistema”.

La propuesta de una “tercera república”
Además del combate al crimen, Fernández planteó una transformación institucional para construir una “tercera república”, concepto con el que busca reformar el funcionamiento del Estado costarricense.
En Costa Rica se conoce como “segunda república” al sistema político surgido tras la guerra civil de 1948 y la Constitución de 1949, vigente actualmente.
“Estamos a las puertas de construir una tercera república, una nueva Costa Rica que no le tiene miedo al cambio”, afirmó la gobernante.
La presidenta dijo que pretende modernizar las instituciones públicas, hacer más ágil el aparato estatal y fortalecer mecanismos de rendición de cuentas de los poderes públicos.
Continuidad política de Rodrigo Chaves
Fernández también remarcó la continuidad política con el expresidente Rodrigo Chaves, de quien fue ministra y principal figura política cercana antes de lanzar su candidatura presidencial.
La mandataria afirmó que es heredera de una nueva forma de hacer política basada en resultados y confrontación con sectores tradicionales del poder político.
Rodrigo Chaves acompañó a Fernández en la ceremonia de investidura y asumirá ahora el Ministerio de la Presidencia y Hacienda, una decisión que fortalece su influencia dentro del nuevo Gobierno.
Reforma laboral y megaproyectos
En materia económica y de infraestructura, Fernández prometió impulsar jornadas laborales de cuatro días de 12 horas semanales, una propuesta que ha generado debate en Costa Rica por sus implicaciones laborales.
También anunció proyectos como una Ciudad Gobierno para concentrar oficinas estatales, carreteras estratégicas, un tren eléctrico de pasajeros y una marina en el Caribe. La presidenta, quien se define como liberal en lo económico y conservadora en lo social, dedicó parte de su discurso a referencias religiosas y aseguró que su administración estará “encomendada a Dios”.
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