Internacional
Cómo el conflicto en Medio Oriente podría conllevar oportunidades para algunos países de América
La inestabilidad en Medio Oriente ha convertido a América Latina en una alternativa energética para los mercados internacionales, aunque la región aún enfrenta el desafío de transformar la bonanza petrolera en desarrollo sostenible.
El estrecho de Ormuz es un paso obligado para el 20% del petróleo y gas que abastece al mundo (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL).
Mientras el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán disminuye la tensión mundial, el estrecho de Ormuz sigue siendo el centro de la energía global.
Por esta angosta vía marítima circula el 20% del petróleo y gas natural licuado que se consume en el mundo, y sus bloqueos intermitentes han encarecido el crudo hasta estabilizarlo cerca de los US$100 por barril. No obstante, surge la pregunta: ¿Cuánto durará esta calma?
En América Latina, que está geográficamente distante del lugar del conflicto, se siente el impacto directo: los precios de los combustibles y los alimentos se disparan. Pero en medio de la crisis, algunos países de la región podrían encontrar oportunidades.
No se trata de “ganadores” en sentido estricto, advierten los especialistas, sino de naciones que, por sus recursos, pueden cosechar beneficios temporales o estructurales. El mundo, impulsado por el miedo a un cierre total de Ormuz, busca diversificar su suministro energético.
Es en este ámbito donde aparece Sudamérica. Según un análisis de Rystad Energy, con el barril a US$100 la región podría añadir 2.1 millones de barriles diarios hacia el 2035.
Sin embargo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte que, si el conflicto se prolonga, podría llevar al mundo a una recesión.
El caso de Guyana
En Guyana, antes del inicio del conflicto, sus ingresos semanales por petróleo eran de US$370 millones y hoy superan los US$623 millones. Su economía creció 43.6% en el 2024, quinto año consecutivo de una expansión de dos dígitos. Según Will Freeman, del Consejo de Relaciones Exteriores, el problema no es la cantidad de dinero, sino cómo se distribuye.
El país sigue teniendo altos índices de pobreza y una gobernanza inconsistente. Miriam Grunstein, de Brilliant Energy Consulting, afirma que “con su bajísimo Estado de derecho, es dudoso decir que Guyana es un país verdaderamente ganador”. El descubrimiento de 11 mil millones de barriles por ExxonMobil en el 2015 fue el inicio de la historia, pero el verdadero desafío de administrar esa riqueza sin caer en la maldición de los recursos sigue abierto.
En Argentina
En Argentina, la formación neuquina de Vaca Muerta atrae la atención. Considerada el yacimiento de esquisto más dinámico fuera de Norteamérica, ha abierto 15 nuevos bloques de exploración.
Jai Singh, de Rystad Energy, destaca que Argentina suma un plus: “los incentivos del gobierno de Javier Milei para desregular la economía”. Sin embargo, el encarecimiento del combustible golpea a los hogares argentinos, que ya arrastran una inflación crónica, y el traslado a precios minoristas podría profundizarse. Argentina puede ganar como destino de inversión, pero sus ciudadanos siguen perdiendo en el supermercado.
México, Venezuela y Brasil
En cuanto a México, su mezcla petrolera alcanzó precios récord, pero el país importa el 75% del gas licuado y la mitad de las gasolinas desde Estados Unidos. La presidenta Claudia Sheinbaum aplica subsidios para moderar los aumentos, pero la ecuación es mala: lo que se gana exportando crudo se pierde importando derivados. Además, México ya no es la potencia exportadora que fue en años anteriores, y existe un factor político: un sufrimiento económico prolongado podría erosionar la popularidad del oficialismo.
Venezuela, tras la captura de Nicolás Maduro y el establecimiento de un gobierno interino liderado por Delcy Rodríguez, intenta reescribir su historia. El restablecimiento de relaciones con Estados Unidos y el levantamiento de sanciones abren una ventana para mejorar.
Según Rystad Energy, se estima que, con el barril a US$100, Venezuela podría agregar 910 mil barriles diarios para el 2035. Pero el país sale de una depresión tan profunda que cualquier mejora es positiva, aunque la reconstrucción llevará años.
Brasil, en cambio, aparece protegido por su gran producción petrolera. Sin embargo, su sector agrícola —uno de sus motores— depende de fertilizantes que transitan por Ormuz.
Un cierre prolongado del estrecho podría afectar las cosechas. La inflación ronda el 4.4%, pero el descontento social ya se percibe. “Los brasileños no tienen paciencia para soportar más dificultades”, advierte Freeman.
El conflicto en Medio Oriente ha expuesto una verdad incómoda: concentrar el suministro energético en un solo punto es insostenible.
El mundo necesita diversificar, y América Latina puede ser parte de la solución. Pero también es una prueba de fuego para la región, ya que los ingresos extraordinarios por el petróleo pueden ser una bendición o una maldición, según se administren.
Guyana, Argentina, México, Venezuela y Brasil tienen la oportunidad de construir economías más resilientes, pero enfrentan el riesgo de repetir errores del pasado, como el despilfarro, la corrupción y la falta de planificación.
Mientras tanto, el ciudadano común sigue pagando más por el combustible y la comida. El conflicto no muestra señales de resolverse pronto. Sus efectos, probablemente, han llegado para quedarse.



