Editorial

NOTAS DE Editorial

Para el 2037 debería estar en marcha la agenda de transformación humana que produzca una Guatemala más preparada para la competitividad global, con trabajos en sectores tecnológicos y trabajadores evolucionados que ya no hagan necesario migrar en busca de oportunidades.
Las cosas a escondidas se presumen malas, y aunque lleguen a ser buenas quedan marcadas con la duda si no se aclara el proceder.
Entidades descentralizadas como el Registro Nacional de las Personas y el Instituto Nacional de Migración, que deberían prestar servicios eficientes a los guatemaltecos radicados en EE. UU., se convierten en auténticos lastres para que ellos puedan ejercer su derecho a contar con una identificación de su país de origen o de optar a trámites de licencia, seguro social o legalización.
Más allá del desenlace de este agitado proceso, es necesario resaltar el relevante e histórico papel de la Usac para más de 200 mil guatemaltecos que estudian en ella.
Mientras tanto, México, Honduras y El Salvador se adelantan en la carrera competitiva por el comercio marítimo, con lo cual los exportadores y los importadores guatemaltecos quedan a merced de las variables impuestas por otros centros logísticos de mayor eficiencia.
Para hoy se prevén nuevas tomas de carreteras. Un recurso que se ha repetido incontables veces con el mismo resultado.
La impaciencia nunca es buena, y ya mucha gente alrededor del planeta come ansias por el fin de las restricciones sanitarias.
No se trata solo de crear programas clientelares de contratación de gente —es decir, votantes— para restaurar bosque; se necesita, fundamentalmente, de que germine y crezca una nueva actitud hacia el ambiente y hacia sus más amables embajadores, los árboles.
Parece fácil la decisión presidencial, al contar, al menos, con tres fuertes allegados en la nómina.
El camino ha sido largo, tortuoso e incluso pareció que no llegaría el día, sobre todo tras su juramentación para lograr inmunidad del dudoso Parlacén. Pero llegó.
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