Editorial

NOTAS DE Editorial

Nadie está en contra del auxilio al prójimo, de la asistencia al necesitado y de la provisión de alimentos a guatemaltecos de escasos recursos económicos. Pero utilizar ese principio de caridad para justificar el dispendio de millones de quetzales en la implementación y operación de un programa tan oneroso resulta un despropósito y un fracaso anticipado.
El país está necesitado de mayor transparencia, y la ciudadanía precisa de información puntual, actualizada y detallada del uso que se da a los recursos que tributa.
La más dura lección que ha traído ómicron es que los casos más graves y la gran mayoría de decesos corresponden a personas que no se habían vacunado.
La alineación de políticas públicas en favor de la población joven no debe ser un discurso, sino una estrategia en constante revisión. Lamentablemente, por ahora es una utopía cada vez más cara, porque el bono se está gastando.
El problema de la basura comienza por la persona inescrupulosa que tira su bolsa de desechos en la calle para no pagar servicio de extracción, aunque a la larga también termina impactándole a ella, a sus hijos o nietos.
Como consecuencia de este abandono, Guatemala se encuentra en el penúltimo lugar de Centroamérica en materia de Políticas Públicas en Gestión de Riesgos de Desastres, según la clasificación elaborada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Es necesaria, ahora más que nunca, la auditoría multisectorial, pero sobre todo la atención de los ciudadanos a las acciones de la postuladora de fiscal general.
El freno a la migración está en la generación de nuevos horizontes para los jóvenes, en la renovación de la calidad educativa, en el combate de la delincuencia y en la certeza jurídica.
Para el presidente solo queda una alternativa: enmendar la plana a sus ministros de Comunicaciones, a través de una reingeniería en el Insivumeh, con un plan transparente e integral de equipamiento de punta, a escala nacional, que permita una mayor anticipación a posibles siniestros, con sistemas como los ya existentes en países como México, Japón y EE. UU.
Las prioridades están ahí, pero no se avistan en la babélica barahúnda de la 9a. avenida.
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