Editorial
NOTAS DE Editorial
Es innegable el fuerte impacto sufrido por el sector de la construcción y el mercado inmobiliario durante los meses de restricciones sanitarias, pero comienzan a darse algunas señales de recuperación.
El abandono de cada infante que no ha podido continuar con su grado de preprimaria es una realidad preocupante y debe ser atendida de inmediato.
Se trata de un cargo de servicio público con un amplio campo de proyección concreta. Precisamente por ello, no debería estar sujeto a las veleidades políticas, a los amiguismos o a los perniciosos tráficos de influencias.
Su sencillez, su claridad de objetivos y también su perseverancia dejan una huella positiva en la historia nacional.
¿Es difícil mantener el aislamiento y los cuidados? Probablemente. Pero quizá no lo sea tanto si se asume como un homenaje a quienes ya perdieron la vida, como una muestra de respeto a sus esfuerzos y agonías, pero sobre todo como el germen de una transformación actitudinal convertida en ejemplo de palabra y acción para los hijos y los nietos, a fin de que sobreviva mucho más allá de esta dura prueba.
A las puertas del bicentenario de la independencia centroamericana hay que revisar los precedentes que impidieron la prevalencia de un solo bloque y visualizar que los mismos intereses de las clases políticas locales o los nacionalismos fomentados por décadas hacen inviable un modelo federal.
Comienza el camino para el vigésimo arzobispo de Guatemala, si se parte de la elevación a arquidiócesis en 1743, o para el titular número 37 si se contabiliza toda la sucesión desde Francisco Marroquín, en 1534. Cada época tiene desafíos pastorales y cada país posee sus particularidades.
Si acaso el actual gobierno quiere dejar un legado penitenciario constructivo, debería empezar a trazar nueva infraestructura física y operacional centrada en la rehabilitación.
Es urgente, vital, impostergable un recorte generalizado de burócratas, puesto que no se puede seguir sufragando un Leviatán voraz que, encima de todo, vive al crédito y con intereses que llegarán hasta una tercera generación de quienes ahora son niños.
Es absurda la pretensión de grupos de propietarios de mantener en circulación unidades con más de 25 años de servicio, con láminas colgantes, vidrios rotos y asientos de tabla que son sencillamente inadmisibles debido a que por tales chatarras en circulación reclaman una subvención pagada por los contribuyentes.