Margarita Carrera
NOTAS DE Margarita Carrera
Un parecer personal, fortalecido por la lectura de Nietzsche, me ha llevado a una atrevida conclusión (para muchos, blasfemia): toda filosofía que se sustenta en la razón, cae pronto en lo contradictorio, en desesperanzada o desesperada dialéctica que se entretiene vanamente en un sutil juego de lenguaje, proponiéndose como fin principal no la auténtica búsqueda de la verdad, sino en el plácido divertimiento de palabras de impecable matemática, perdidas en laberintos de espesa sombra, que más que aclarar, confunde la mente humana.
No es obsoleta, según mi parecer, esta insistencia que vengo exponiendo, desde años atrás, de volver a Freud. Pero a veces me pregunto si no es más necesario para el mundo actual empezar con Freud.
Cuando en una reunión para hablar sobre monseñor Juan José Gerardi, todos los que participaban al identificarse decían pertenecer a una orden religiosa, yo no sabía qué decir de mi persona.
Nada importa tanto al humano como su propia felicidad; sin embargo, esta parece inalcanzable, y como lo comprobamos a través de la historia, imposible.
Uno de los temas más discutibles en el vasto campo de lo estético es el que se refiere al mundo de lo real y de lo ideal en el arte. Federico Nietzsche, al estudiar la esencia del coro trágico griego —máximo exponente no solo de la tragedia, sino del arte en general—, trata de dilucidar el enigma que hay detrás de la esfinge de lo estético, representado en el coro griego. En el capítulo 7 de El nacimiento de la tragedia se impone la obligación de “penetrar con la mirada el corazón de ese coro trágico”, que además de ser el auténtico drama primordial, encierra el misterio del arte en general.
Comúnmente se cree que con la palabra trágico, se designa cualquier hecho de sangre, cualquier violencia que mutila o da muerte al ser humano; en fin, cualquier barbarie que el hombre comete contra el hombre, o alguna deplorable y horrenda desgracia que este sufre.
Nadie como Federico Niet- zsche ha penetrado tan hondamente en la esencia de la tragedia griega. Es él quien descubre cómo, en esta, se unen de manera armónica dos fuerzas contrarias: la fuerza de la razón y la del instinto. A la primera fuerza la denomina “lo apolíneo” y a la segunda, “lo dionisíaco”. Enfrentamiento patético de dos dioses griegos: Apolo y Dionisos.
La emoción, el sentimiento y la pasión envuelven todo arte, por lo tanto, también el arte literario. Y estos estados anímicos fluctúan entre el amor y el odio, que son la moneda con sus dos caras inseparables. En ellos despunta la duda, el miedo, el asombro, el vértigo, base sustancial de la literatura fantástica que, al provocar en el lector esas inquietudes psíquicas a través de un lenguaje consternado de magia, le hacen salir del oprobio de lo cotidiano, de su soporífica rutina.
Mucho se ha escrito acerca de Camus y Sartre, sobre sus encontradas posturas frente a la violencia.
En el siguiente ensayo, Los grandes descubrimientos científicos frente a la filosofía tradicional, hago hincapié en lo indispensable que es para el filósofo estar al día en los aconteceres científicos de toda índole que, en una u otra forma, inciden en la filosofía. También insisto en la natural resistencia que oponen los filósofos a la aceptación de aquellos descubrimientos científicos que alteran su visión del mundo narcisista, tradicional y teocéntrica.