Internacional

Quién es Nicolás Maduro: del sindicalismo al poder absoluto en Venezuela, entre sanciones y denuncias internacionales

Nicolás Maduro, el “presidente obrero” con mano de hierro de Venezuela, que se define como marxista, cristiano y bolivariano, y que comenzó siendo piloto.

Quién es Nicolás Maduro: del sindicalismo al poder absoluto en Venezuela, entre sanciones y denuncias internacionales

Nicolás Maduro en una foto de archivo de 2022. (Foto Prensa Libre: Federico Parra / AFP)

El presidente Nicolás Maduro solía bailar en mítines al ritmo de música tecno, con una frase suya en inglés: “No war, yes peace”. Sin embargo, Estados Unidos lo capturó junto con su esposa este sábado, por orden de Donald Trump, tras un bombardeo en varios puntos de Venezuela.

Lea más: Trump asegura que Maduro y su esposa están bajo custodia estadounidense en alta mar

En el palacio de Miraflores, se mostraba en tono de “paz” durante sus alocuciones. Maduro siempre intentó proyectar una imagen de hombre común, de “presidente obrero”, aunque carga con acusaciones de violaciones de derechos humanos.

¿Quién es Nicolás Maduro?

Alto, con espeso bigote, este exchofer de autobús y dirigente sindical de 63 años explotó los estereotipos de “hombre del pueblo” para su beneficio político.

Le complacía apelar al sentido común, destrozar palabras en inglés, hablar de béisbol o comentar sus noches de televisión con su esposa, Cilia Flores, la “primera combatiente”, exprocuradora y figura omnipresente en la escena política venezolana.

Flores fue diputada desde el 2000 hasta convertirse en presidenta de la Asamblea Nacional (2006-2010). De 69 años y con amplio poder tras bastidores, “Cilita”, como la llama Maduro, también fue capturada, según anunció Trump.

El paradero de ambos se desconoce luego de que Estados Unidos lanzara un “ataque a gran escala” contra Caracas y otras regiones del país.

Maduro avanzaba en su tercer mandato (2025-2031), con el que habría acumulado 18 años en el poder, superando al fallecido Hugo Chávez, quien estuvo 14 en el palacio presidencial (1999-2013), y solo por detrás del dictador Juan Vicente Gómez, que gobernó 27 (1908-1935).

Pero la vida de Maduro va mucho más allá del volante del bus que condujo en su juventud. Formado en Cuba, fue parlamentario, canciller y vicepresidente de Chávez. Sus rivales lo subestimaron desde distintos flancos.

Supo eliminar resistencias en el gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y mantuvo a raya, con apoyo militar, a la oposición.

“¡Indestructible!”

Tildado de “dictador” por sus detractores, Maduro fue designado por Chávez como su heredero el 9 de diciembre del 2012, antes de que el entonces presidente viajara a Cuba para tratarse un cáncer que lo llevó a la muerte tres meses después. Su “opinión firme, plena como la luna llena” era que su entonces vicepresidente lo sucediera.

Durante su gobierno, masivas manifestaciones fueron duramente reprimidas en 2014, 2017 y 2019 por militares y policías, con centenares de muertos. La Corte Penal Internacional abrió una investigación por crímenes de lesa humanidad.

Maduro maniobró entre una batería de sanciones internacionales tras su primera reelección en el 2018, boicoteada por la oposición y desconocida por medio centenar de países.

Se mantuvo en el cargo a pesar de una crisis económica sin precedentes en esta nación de casi 30 millones de habitantes, con un producto interno bruto que se redujo en 80% en una década y cuatro años seguidos de hiperinflación.

Un fallido gobierno paralelo de la oposición, escándalos de corrupción, denuncias de atentados... y Maduro se autodenominaba “indestructible”, como reza el eslogan del dibujo animado de propaganda Súper Bigote, que lo presenta en la televisión estatal como un superhéroe que combate monstruos y villanos enviados por Estados Unidos y la oposición.

“Realpolitik”

Contó con el respaldo de los militares y los cuerpos de seguridad, entre denuncias de detenciones arbitrarias, juicios amañados, tortura y censura.

Maduro no posee el carisma de Chávez, aunque lo emula con discursos de horas en los que mezcla asuntos políticos con chistes y anécdotas personales.

No obstante, más allá de lo retórico, supo hacer “realpolitik”: recortó el gasto público, eliminó aranceles para impulsar importaciones que aliviaran el desabastecimiento y permitió el uso informal del dólar, que hoy reina en un país donde tiendas y restaurantes de lujo reaparecieron, aunque solo para unos pocos.

Y supo, durante un tiempo, negociar con Washington, pese a su discurso “antiyanqui”.

Reanudó parcialmente el comercio de petróleo con licencias a empresas como la estadounidense Chevron y consiguió la excarcelación de dos sobrinos de Flores, condenados por narcotráfico en Estados Unidos, y del empresario Alex Saab, acusado de ser su testaferro y enjuiciado en Florida por lavado de dinero.

Hoy, es el propio Maduro quien se enfrentará a jueces estadounidenses. Washington lo acusa de estar al frente del narcotráfico y del cartel de los Soles, una organización cuya existencia es puesta en duda por numerosos expertos.

Lejos del ateísmo que suele acompañar al marxismo, Maduro se define como “marxista”, “cristiano” y “bolivariano”, y mantiene una estrecha relación con los evangélicos. “¡Cristo está con nosotros!”, repite.

ARCHIVADO EN: