Preocupa la delincuencia en el país

Aunque las cifras de actos violentos y asaltos van a la baja, la población sigue pidiendo seguridad.

Los asaltos, producto de la delincuencia que se ensaña contra los guatemaltecos, preocupa a la población. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
Los asaltos, producto de la delincuencia que se ensaña contra los guatemaltecos, preocupa a la población. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Las cifras de hechos violentos en el país evidencian una disminución desde el 2010, pero esa baja no la percibe la ciudadanía, según la Encuesta Libre, que indica que el 41 por ciento de entrevistados menciona la inseguridad como el principal problema del país, y no deja de aparecer entre los tres  que más afligen a los ciudadanos en cada proceso electoral.

El año pasado, por ejemplo, hubo un 5 por ciento menos muertes relacionadas con violencia, en comparación con el anterior, de acuerdo con el reporte del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif).

En tanto, durante febrero último se reportaron al día no menos de seis robos a peatones y dos a residencias, la mitad de los registrados en el mismo período del año pasado, según datos de la Secretaría Técnica del Consejo Nacional de Seguridad (STCNS), aunque no se descarta el subregistro.

Pese a esa reducción, según la encuesta, la inseguridad sigue preocupando a la población, sin discriminación de edad, pues para el 41 por ciento de los jóvenes entre 18 y 24 años el tema es importante, así como para el 46 por ciento de los mayores de 35 años.

En cuanto a género, son las mujeres quienes se sienten más vulnerables —45 por ciento— que los hombres —37 por ciento—, mientras que en los niveles socioeconómicos medio (C2/C3) y bajo (D), el problema afecta a cuatro de cada 10 personas. En el nivel alto (BC1) perjudica a tres de cada 10.

El problema se acentúa en el área metropolitana, donde el 36 por ciento lo ve como un problema que debe ser atendido. La cifra sube nueve puntos porcentuales en el interior urbano, donde se sienten más amenazados.

Víctimas de asalto

Según la encuesta del 2015, el porcentaje de personas que indicó haber sido víctima de asalto en los últimos seis meses fue de 17 por ciento; este año es de 15, y si se compara con períodos anteriores, la disminución en los datos es evidente.

Por región, en el área rural los asaltos a la población mostraron una baja en mención, al pasar de 13 a 9 por ciento. Sin embargo, se registró un leve incremento de un punto en las cifras de las zonas interior urbana y metrópoli.

Esta vez se preguntó si la persona vivía en un hogar donde alguien había sido asaltado y el 27 por ciento dijo que sí.

Ambiente de inestabilidad

Según Alejandro Rodríguez, del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales de Guatemala (IECCPG), el descenso en los  indicadores  de violencia en el país  se ha dado por el fortalecimiento de las instituciones de justicia y   la presencia de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (Cicig); sin embargo,  la población no  percibe esa baja,  por la constante “difusión” de hechos violentos y la presencia de “agitadores” de actividades que causan conmoción —como el linchamiento de un taxista, el 21 de marzo pasado—, lo que transmite ese ambiente de inestabilidad.

“Aunque disminuya la delincuencia, un solo hecho violento puede generar sentimiento de inseguridad y de temor entre la población”, dijo Rodríguez.

A criterio de Gustavo Arriola, coordinador del Informe Nacional de Desarrollo Humano, la inseguridad y la violencia no necesariamente están vinculadas con la pobreza, sino más bien con  las desigualdades, que son más evidentes entre la población asentada en  las ciudades intermedias.

“La pobreza urbana tiende a ser germen para la situación de violencia, mucho más que la pobreza rural, pues la exclusión de los jóvenes, la falta de oportunidades y la presión demográfica generan condiciones para que este grupo de la población sea fácilmente víctima de la violencia y de pertenecer a grupos delictivos”, agregó Arriola.

Cuando la gente habla de inseguridad también hace referencia a las extorsiones, que impiden su desarrollo económico.

Según Rodríguez, “los grupos que están extorsionando tienen cada vez menos capacidad operativa, y eso también está disminuyendo el número de muertes”.

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