bienestar emocional
Cuando el miedo paraliza: estrategias para vencer los temores que no permiten avanzar
Más allá del instinto que aleja de peligros reales, existen miedos persistentes y exagerados para los que es necesario buscar ayuda.
En diversas entrevistas, la actriz española Penélope Cruz ha confesado que nunca aprendió a conducir debido a un trauma infantil: cuando tenía siete años vio cómo un automóvil atropelló a su hermana. Afortunadamente, las lesiones fueron leves, pero Penélope no logró superar el miedo a ponerse al volante.
Isabel Lascurain, cantante mexicana del grupo Pandora, tiene bien identificado el momento que la llevó a desarrollar temor a grabar sola. Cuando el grupo estaba por lanzar su primer disco, el productor musical no quería permitirle interpretar ninguna canción como solista. Aunque tuvo el apoyo inmediato de sus compañeras y grabó Cómo te va mi amor, el mayor éxito del disco, desde entonces no ha logrado grabar ninguna canción sin la presencia de su hermana Maite y de su amiga Fernanda, compañeras de agrupación.
Muchas personas podrían creer que los temores de estas dos artistas son exagerados, pero quienes han experimentado miedos que los paralizan entienden que no todas las personas procesan las experiencias de la misma manera y que, a veces, lo que para unos resulta pasajero para otros puede convertirse en una limitación permanente.
Una emoción protectora
El miedo no es algo negativo. Como señala la psicóloga clínica, psicoanalista e investigadora Claudia Palomo, “es una emoción humana fundamental que nos advierte sobre algún peligro, nos ayuda a protegernos, a evaluar los riesgos y a evitar que actuemos de manera imprudente”.
Gabriela Alvarado, también psicóloga clínica y catedrática de la Universidad Mariano Gálvez, detalla que cuando surge el miedo ante un peligro real o imaginario hay reacciones físicas. “El corazón se acelera, aumenta el ritmo de la respiración y el cerebro activa una señal de alerta. Esto provoca que el cuerpo se prepare para huir, pelear o quedarse quieto para evitar el daño”.
El estudio Mecanismos evolutivos implicados en el miedo: una visión desde las neurociencias cognitivas, publicado por la revista científica multidisciplinaria Ciencia Latina, recalca: “Gracias al miedo, nuestros cerebros identifican agentes nocivos o dañinos del medioambiente sin siquiera preguntarnos o detenernos a reflexionar sobre la cantidad y la calidad de la posible amenaza. Esa capacidad permite realizar actividades de autocuidado de forma mecánica y automática”.
Fuera de control
Alvarado afirma que el miedo se considera normal cuando surge ante una amenaza real. “Su función es ponernos en alerta”, detalla. “Se vuelve irracional o exagerado cuando se activan alarmas por situaciones que no representan una amenaza real”, explica.
La psicoterapeuta Palomo agrega que, además de guardar relación con un riesgo existente, el miedo “normal” aparece durante un tiempo limitado y permite que la persona se prepare para afrontar la situación.
“Es comprensible sentir temor antes de una entrevista laboral, una intervención médica, una mudanza o una decisión económica importante. Se vuelve problemático cuando su intensidad es desproporcionada respecto de la amenaza, persiste aun cuando el peligro ha desaparecido, se extiende a numerosas situaciones o comienza a gobernar las decisiones”, añade.
La psicóloga e investigadora advierte que también se debe prestar atención cuando la persona evita de forma constante estudiar, trabajar, relacionarse, viajar, hablar en público o realizar actividades necesarias para su desarrollo.
Palomo indica que, más que calificar un miedo como “irracional”, conviene reconocer que todo miedo persistente posee una lógica subjetiva.
La psicoterapeuta Palomo recomienda prestar atención a las reacciones. “Puede parecer exagerado frente a la realidad actual, pero adquirir sentido al explorar la historia de la persona, sus vínculos, las experiencias que ha vivido y la manera en que aprendió a protegerse”, acentúa.
“La ansiedad merece evaluación profesional cuando resulta difícil de controlar y afecta significativamente la vida familiar, social, académica o laboral”, añade.

Razones y sinrazones
Gabriela Alvarado asegura que algunos miedos tienen su origen en factores de la infancia. “Haber crecido en un hogar sobreprotector o con críticas constantes puede afectar las decisiones futuras y limitar los intentos de la persona por avanzar en favor de su desarrollo, por temor a fallar o a la crítica”, detalla.
“Hay quienes ven la señal del miedo como una parada obligatoria y quienes logran superarlo la interpretan como una señal de alerta que indica peligro o precaución, pero no los paraliza. La diferencia podría estar en el tipo de crianza, en la seguridad con la que crece un niño y que, en la vida adulta, le permite desarrollar buenas estrategias de afrontamiento”, añade Alvarado.
Quienes logran superar los retos sin paralizarse tienen, según la psicóloga, “una mentalidad positiva y ven el error como un aprendizaje, lo que les permite seguir avanzando. Estas personas aprenden a superar el miedo y a desarrollar una mayor tolerancia a la frustración y la ansiedad. Quienes no logran vencerlo sienten que solo demuestran su falta de capacidad y consideran el fracaso una etiqueta permanente; además, se perciben como víctimas de las circunstancias, del entorno y de su propia genética”.
Mariana Maegli, Ashlie Santizo y Jennifer Maldonado, psicólogas clínicas de Thrive Psicología, hacen una distinción entre quienes reaccionan normalmente y quienes sufren miedos más intensos. “La diferencia no suele estar en quién siente miedo y quién no, porque todos experimentamos miedo… La verdadera diferencia está en la relación que cada persona establece con esa emoción”, exponen.
Maegli, Santizo y Maldonado hacen hincapié en las condiciones formativas de cada persona. “El entorno también influye: crecer en espacios donde es seguro equivocarse, aprender y recibir apoyo facilita desarrollar mayor confianza para afrontar los desafíos. En muchos casos, el miedo puede gestionarse y superarse con práctica, herramientas adecuadas, incluyendo el acompañamiento profesional”, puntualizan.
Palomo advierte que vencer o no el miedo “no siempre obedece a una decisión consciente. Muchas veces, evitar aquello que produce miedo genera un alivio inmediato. El problema es que ese alivio le confirma a la persona que no enfrentarse era la única manera de sentirse segura. Así se forma un círculo: cuanto más evita, menos oportunidades tiene de comprobar que cuenta con recursos para afrontar la situación y, por lo tanto, el miedo se fortalece”.
“Desde el psicoanálisis entendemos que ciertos temores pueden proteger a la persona de sentimientos todavía más difíciles de reconocer, como la vergüenza, la culpa, el temor al abandono, la sensación de no ser suficiente o incluso el miedo a crecer y asumir una mayor autonomía”, indica.
Entre otras causas que podrían ser determinantes para desarrollar miedos que parecen incontrolables, las profesionales consultadas señalan tener familiares cercanos que hayan sufrido ansiedad, haber experimentado eventos traumáticos o que alguno de los padres tenga fobias o temores. También existen factores neurológicos, como desequilibrios en neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, que deben ser diagnosticados por especialistas.
Las profesionales de la clínica Thrive Psicología añaden que “quienes logran avanzar, reconocen el miedo, lo escuchan y no luchan por eliminarlo de inmediato, pero tampoco permiten que tome todas sus decisiones por ellos. En cambio, quienes se sienten atrapados suelen evitar aquello que les genera miedo y, aunque esa evasión brinda un alivio momentáneo, termina fortaleciendo el miedo con el tiempo”.
Los retos del entorno
El ambiente en el que se vive o se desarrolla cualquier actividad también puede activar determinados miedos, ansiedades e incluso fobias. Palomo admite que “existen condiciones sociales que pueden mantener a muchas personas en un estado permanente de alerta. La inseguridad, la violencia, la precariedad económica, la dificultad para encontrar empleo, la desigualdad, la discriminación y la incertidumbre institucional pueden hacer que correr riesgos razonables se perciba como un peligro mayor”.
Alvarado asegura que en Guatemala muchas personas enfrentan retos como utilizar el transporte público, donde pueden sufrir asaltos, o caminar por espacios que perciben como poco seguros. También existen factores sociales, como el temor a enfermarse por miedo a ser despedidos o a ver afectada su economía.
Las profesionales de la clínica Thrive Psicología anotan: “Sí, el contexto influye, aunque no determina. En Guatemala muchas personas han crecido conviviendo con incertidumbre económica, inseguridad y acceso desigual a oportunidades. Esto puede favorecer una mayor necesidad de seguridad y hacer que asumir riesgos —como cambiar de trabajo, emprender, independizarse o expresar una opinión diferente— se perciba como algo mucho más amenazante”.
A esto pueden sumarse estilos de crianza sobreprotectores o muy críticos y una cultura donde el temor al fracaso y al “qué dirán” sigue teniendo un peso importante. Todo ello puede hacer que algunas personas prefieran mantenerse en situaciones conocidas antes que enfrentar la posibilidad de equivocarse.
“El miedo no determina nuestro futuro, pero nos alerta en nuestro presente. Es posible aprender a regular las emociones, enfrentar gradualmente los desafíos y fortalecer redes de apoyo que aumenten la resiliencia. El objetivo no es dejar de sentir miedo, sino aprender a utilizarlo como una señal de alerta que nos ayude a tomar mejores decisiones, sin permitir que limite nuestro crecimiento o nuestras oportunidades”, agregan Maegli, Santizo y Maldonado.
Buscar salidas
Si bien las causas de los temores descontrolados, como el miedo patológico, las fobias y la ansiedad, son diversas, lo importante es saber que pueden superarse con ayuda profesional.
Entre las opciones terapéuticas que recomienda Alvarado se encuentran:
- Terapia cognitivo-conductual: ayuda a modificar los pensamientos negativos relacionados con el miedo y reestructura los pensamientos distorsionados o catastróficos que alimentan el temor.
- Desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares: utiliza movimientos oculares para reprocesar el impacto emocional de vivencias del pasado o traumas arraigados.
- Desensibilización sistemática: combina la exposición gradual a los temores con entrenamiento profundo en relajación física.
- Técnicas de autorregulación y manejo físico: por ejemplo, la respiración diafragmática, que controla la activación del sistema nervioso y reduce la sensación de ahogo o taquicardia.
“En Guatemala existen distintas alternativas, cuya elección debe depender de las necesidades de cada persona, la evaluación clínica, sus preferencias y la formación del profesional”, aconseja Palomo.
Leer para saber y sanar
Entre las lecturas recomendadas para superar los miedos se encuentran:
- El miedo es tu maestro, de Álvaro Vizcaíno Albertos. Luego de una experiencia traumática en la que pudo perder la vida, el autor se dedica a impartir conferencias y compartir pautas para superar el temor.
- Más fuerte que tus miedos, de Kristen Helmstetter. La autora centra sus consejos para vencer el miedo, el estrés y la ansiedad en transformar la manera de hablarse a sí misma.
- Al otro lado del miedo, de Martha Orriols. A través de la historia de Joana, quien enfrenta la incertidumbre por la aceptación de un nuevo cargo y la cercanía de un divorcio, la autora ofrece pautas para afrontar el miedo.
- Abraza tus miedos, entiende tu ansiedad, de Silvia Vidal. Como indica su título, este libro presenta estrategias para enfrentar situaciones que pueden provocar una sensación de parálisis.









