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ARCA DE ESPEJOS De la Corte de Constitucionalidad
En la que algunos elementos, lanzaron al mar el áureo tesoro que les pidieron resguardar.
Por:
Aquiles Pinto Flores.
Diferentes medios de comunicación han comenzado a barajar algunos nombres de candidatos a magistrados de la Corte de Constitucionalidad (CC) que ocuparán sus altos cargos a partir del 14 de abril próximo.
Sin propósitos de opacar méritos de otros distinguidos juristas, me inclinaría, si votar me fuera dable, por el licenciado Carlos Rubén García Peláez, quien, como suele decirse en el caló jurídico “es persona de mi conocimiento” desde hace tantos años que se pierden en lontananza del tiempo.
De ahí, pues, que he seguido su singular trayectoria. Y digo singular, porque, aunque conocedor de varios de sus actos, ceñidos siempre a la moral y a la justicia, es imposible olvidar el hecho acontecido en los albores de 1986, cuando se negó a sustituir del cargo de juez primero de Familia, al querido y dignísimo coterráneo mío, el abogado y poeta Héctor Edmundo Zea Ruano, quien no obstante su intachable proceder, fue salvajemente destituido del cargo, acaso por su “pecado” de sufrir un cáncer terminal, el que precisamente le arrancó la vida varios meses después.
No me resisto a transcribir un párrafo de la nota del licenciado García Peláez, enviada a la Corte Suprema de Justicia, en relación a este caso que dibujó de cuerpo entero, la insobornable ética que le anima: “Personalmente me siento identificado con el licenciado Zea Ruano, porque durante varios años he estado sujeto a un salario cada vez menos suficiente para cubrir necesidades, y siendo a toda prueba un funcionario honesto, salgo al igual que el licenciado Zea Ruano, sin dinero para afrontar el desempleo, pero con algunos años menos para afrontar tales problemas.
En vista de lo anteriormente expuesto hago del conocimiento de ese alto organismo que en virtud de no haber tomado posesión del nuevo cargo que me fue asignado, declino el alto honor que se me confirió al nombrarme para el mismo y darles oportunidad de hacer justicia al licenciado Héctor Edmundo Zea Ruano, que mi nombramiento no ha surtido efectos”.
Personas de tal proceder, deberían ser ungidas con honrosos cargos como el de magistrado de la CC, la que en su pasado reciente ha sabido cosechar más sombras que luces y es urgente que vuelva por los fueros seculares que le legaron hombres de la talla de un Maldonado Aguirre o de un Epaminondas González.
Reitero, pues, que el licenciado García Peláez, de ser electo magistrado, contribuiría a devolver el prestigio de la CC, en la que algunos elementos, eficientemente, lanzaron al mar de la basura el áureo tesoro que les pidieron resguardar.
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