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PERSISTENCIA Ancianos ante la justicia
Q71 millones para el ejército y cero centavos para los ancianos pobres
Por:
Margarita Carrera
El 1 de junio salió en la pri- mera página de Siglo Veintiuno la foto de una gentil y corpulenta agente de la comuna cargando a una anciana (extremadamente delgada y pequeña) llamada Dolores Juárez. La auxiliaba su esposo, Juan Bautista Vásquez, otro anciano empobrecido.
Dolores se desplazaba hacia la municipalidad para obtener el certificado de supervivencia exigido por el Seguro Social, quien le paga Q40 menuales. Su edad: 89 años.
Ya dentro de la comuna, se le proporcionó una silla de ruedas pues no puede mantenerse en pie. Ocho días después, elPeriódico saca, también en primera plana, a un “adulto mayor” conversando con el vicepresidente Stein. Dicho “adulto mayor”, junto a otros ancianos, realizaba una huelga de hambre ante la Corte de Constitucionalidad, como medida de presión para evitar que la ley que les beneficiaría con una pensión de unos Q450 mensuales, se anule.
Las dos fotografías no pueden dejar de ser dolorosas, a pesar de que sabemos la miseria que soportan los campesinos y trabajadores indígenas y ladinos, niños y viejos del interior del país. El culpable de semejante atropello es, sin duda, el Estado de Guatemala.
Pero no sólo el Estado, sino aquellos poderosos que quieren limitar aún más la intervención del Estado, dejando, así, sin resolver el hambre, la educación, la salud y la vivienda de los desposeídos. Desmantelar el Estado para que los ricos se hagan más ricos y los pobres más pobres, ha traído consecuencias nefastas para las mayorías marginadas. Hay quienes —incapaces de sentir compasión— tienen el cinismo de decir:
“Dios hizo un mundo pobre y dejó el enriquecimiento al libre albedrío de la gente, porque no nos puso árboles de televisores, carros o computadoras”. ¿Es así como piensan los neoliberales? Pero también ellos dan lástima porque su miseria espiritual es únicamente comparable con la miseria material de los condenados de la Tierra.
Semejantes declaraciones sólo pueden ser dichas por alguien que nació en cuna de oro y, por ello, carece del sentido de la vista, del oído y del olfato (a lo mejor, también del gusto, porque jamás han sentido hambre).
También por alguien que, educado dentro de la doctrina neoliberal por alguna falaz circunstancia, tuvo la inmensa suerte (¿o desgracia?) de salir avante en un mundo de voraces fieras que devoran a ciervos y corderos.
Mientras que a los ancianos empobrecidos se les niega una mínima pensión, Finanzas le entrega al Ejército Q71 millones. ¿Es que los guatemaltecos ricos que han viajado a Europa no han notado que ahí el Estado se preocupa por sus ciudadanos desde el momento en que nacen? En fin, dichosa Europa; dichosa Costa Rica que no tiene Ejército. ¡Y pobres nuestros ricos avaros!
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