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HORIZONTES No queda otra
Comprarnos con gasolina a precios más bajos es comprar miseria para el futuro.
Por:
Francisco Beltranena.
Cada día que pasa y ante la oportunidad que me brinda el conocimiento, estoy más convencido de que no nos queda otra que cambiar aceleradamente el rumbo para alcanzar el tren del futuro que ya arrancó y está a punto de dejarnos, si es que no es que ya nos dejó.
No lo digo así porque sí. Lo digo viendo cómo cada día que pasa nos mantenemos enfrascados en luchas que ya parecen más que bizantinas y pertenecientes a un libro con muchos años de estar guardado que cualquier otra cosa.
Sí, mientras el mundo desarrollado y el que se quiere desarrollar no desaprovechan las oportunidades, nosotros nos quedamos esperando que caiga el maná del cielo.
Como si lo único que importara fueran las elecciones del año próximo, los políticos se han dado a la irreverente actitud de retrasar nuestra inserción en los mercados globalizados.
Hay, incluso, una corriente entre los columnistas que favorecen de manera emotiva que en vez de que llevemos adelante el TLC con Estados Unidos nos vendamos al petróleo barato y las aspiraciones totalitarias de Chávez en la región.
Eso es ceguera y lo demás son babosadas. Comprarnos con gasolina a precios más bajos es comprar miseria para el futuro.
Ahorrar unos miles de quetzales no nos van servir para salir adelante. Simplemente, nos va a prolongar la agonía y nada más.
Otros que creen que con solo esperar va a ser suficiente, se quedarán esperando por los siglos de los siglos.
Es increíble que sociedades como Taiwán, un país cuyo territorio es menor que el de Petén, haya sido capaz de insertarse en el mundo desarrollado y en la era de la posmodernidad.
Con 22 millones de habitantes se han convertido de la nada en una potencia económica y tecnológica que aspira a convertirse en la “Isla del Silicón Verde”.
Habiendo sido una sociedad agrícola que fue capaz de insertarse en la sociedad industrial con mucho éxito, ha sabido enfrentar los retos que los nuevos tiempos le han presentado.
Taiwán creció y triunfó produciendo para el mundo productos que bajaron los precios manteniendo la calidad. El surgimiento de la República Popular de la China ha provocado que las inversiones en el campo industrial cambiaran de destino y muchas de ellas se marcharan de Taiwán.
Incluso es inmensa la cantidad de empresas taiwanesas que están operando desde la China continental con componentes producidos en Taiwán.
La enorme cantidad de obreros que de pronto entraron en el mercado de trabajo en plena globalización hizo que los precios de la mano de obra fueran mucho más bajos en la China continental que prácticamente en el resto del mundo.
Responder a ese reto requiere que las sociedades que compiten por la inversión se adecuen a la demanda que ese mundo globalizado exige.
Algunos, por la cantidad de habitantes que tienen, China y la India, lo hacen por medio de bajos salarios; otros, como Taiwán, lo hacen en base a su capacidad en el campo del saber.
En otras palabras, mientras China y la India pueden proveer trabajadores industriales, Taiwán lo que provee es trabajadores del saber, es decir capaces de desarrollar nuevos productos y tecnología.
Es tan así, que prácticamente todos los periféricos que utilizan un lector digital óptico (DVD, CD) lo hacen con uno manufacturado y desarrollado en Taiwán.
Por supuesto que en la China continental es más barato ensamblar computadores que en Taiwán, pero al analizar la balanza comercial entre ambos, Taiwán resulta ser el gran ganador con un superávit de cerca de los US$150 mil millones de dólares de pura tecnología.
Así es la onda. Taiwán fue capaz de cambiar y adaptarse exitosamente a los nuevos retos.
Nosotros, si queremos que las cosas mejoren, tenemos que cambiar aceleradamente. Por supuesto, alguien pensará que por eso hay que esperar los resultados de las elecciones.
Se equivocan. El cambio es ahora, no queda otra.
¡Hasta la próxima!
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