Guatemala, 16 de abril de 2008
Horrores idiomáticos y algo más...
Por María del Rosario Molina
No soy una purista implacable, como bien lo dijeron los escritores Francisco Pérez de Antón, Gerardo Guinea Diez y Mario Roberto Morales en la presentación de mi libro Horrores idiomáticos y algo más.
Por lo contrario, aunque amo mi idioma materno, lo he estudiado con constancia y quiero mantenerlo, comprendo que por la evolución de las lengua vivas es necesario aceptar tecnicismos, términos sin equivalencia, localismos muy extendidos, etc., pero me parece incorrecto que se altere la sintaxis por las traducciones desmañadas del inglés y del francés, las que más influyen en que el español se deteriore. Cito a continuación el mal uso que se les ha dado a los verbos “diagnosticar” y “abusar”.
“Los médicos diagnosticaron a la paciente portadora de una enfermedad transmisible” he leído por ahí. Y no, qué va, los médicos le diagnosticaron a la paciente la enfermedad tras estudiar sus síntomas, etc. El verbo “diagnosticar”, transitivo, tiene como objeto directo la enfermedad y como objeto indirecto a la paciente. Jamás puede la persona o el animal examinado ser el objeto directo de la diagnosis. Eso en medicina. De los hechos que están sucediendo política, social y económicamente también se hacen diagnósticos: No se dice: “Los analistas diagnosticaron al país afectado por la violencia”, sino “los analistas diagnosticaron violencia en el país”, en cuyo caso “violencia” es el objeto directo y “en el país” es un circunstancial. Igualmente transitivo es “pronosticar”: “Le pronosticaron a usted que sufrirá enfermedades por abuso del tabaco”, oración en que la proposición subordinada encabezada por “que” es objeto directo y “usted” objeto indirecto, no se puede sustituir por “usted fue pronosticada de que sufrirá enfermedades por abuso del tabaco”. “Se pronostican lluvias en Guatemala”, pero no es adecuado: “Guatemala es pronosticada de que habrá lluvias”.
Repito el abuso que se ha hecho del verbo “abusar”, intransitivo: “Las jóvenes fueron abusadas”. Doble crimen: contra las mujeres y contra el idioma, porque de las jóvenes “se abusó”. Y desde luego el delito contra la gramática, por malo que sea, jamás se podrá comparar con el social. Me pregunto cuántas mujeres en Guatemala hemos solicitado autorización para usar armas. Hablando con justicia seríamos las que más deberíamos portarlas para defendernos a lo Valient (filme con Jodie Foster) de los delincuentes que tratan de abusar de nosotras con violaciones, robo de automóviles y hasta asesinatos, sin entrar en detalles del abuso doméstico.
He leído hace poco en La Hora la opinión de un médico columnista: En lugar de aplicar la pena de muerte hay que castrar a los criminales. Estoy totalmente de acuerdo con él: Se les deberían quitar a esos desgraciados las “tres joyas”, como eufemísticamente les decían en la China. Ese castigo sería un disuasivo mayor que la pena de muerte.
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