Guatemala, 16 de enero de 2008

CATALEJOComentarios sobre el cambio de mandoPor Mario Antonio Sandoval

COLABORACIÓN“Canjeables”Por Danilo Arbilla

UCHA ´XIKQue siga el folclorPor Sam Colop

A CONTRALUZInicio de laboresPor Haroldo Shetemul

ECLIPSECompromisos fatalesPor Ileana Alamilla

CARA PARENS¿Otra primavera democrática?Por Hosy Orozco
“No fuimos testigos de la primavera democrática de 1944, pero tenemos todavía los avances sociales de Juan José Arévalo”. Con estas palabras en su discurso de toma de posesión como presidente de Guatemala, el ingeniero Álvaro Colom dejaba traslucir su deseo de continuar el legado de este importante educador y estadista.
De ser así, es un momento oportuno para recordar que, “a lo largo de toda su vida pública, Juan José Arévalo siempre tuvo claro que la educación es el camino que seguir en busca de mejorar las condiciones de vida de los pueblos” (Koichiro Matsuura, director general de la Unesco, al haber recibido en Guatemala la Orden Pedagógica Doctor Juan José Arévalo).
Esta convicción no faltó en su discurso de toma de posesión como presidente de Guatemala. En marzo de 1945, con la fuerza intelectual y convicción política que le caracterizaban, Arévalo garantizó: “Empezaremos a construir edificios para las escuelas. Llevaremos las escuelas a las aldeas, y algunas de esas escuelas tendrán ruedas para trepar a las montañas y meterse en los bosques”. Pero más que la construcción física, inició la reconstrucción y renovación del espíritu educativo de su época y de la mística docente. Construyó las escuelas tipo federación, cuya arquitectura buscaba crear un ecosistema que favoreciera un aprendizaje más participativo y mayor autonomía en el aula; además, a sabiendas de que una escuela sin libros de texto es como una vivienda sin agua, facilitó la impresión de libros al crear la Editorial del Ministerio de Educación.
Sin embargo, Arévalo sabía que dotar de infraestructura, libros y tecnología a las escuelas es gasto inútil, si los maestros no elevan su espíritu, su autoestima y su formación en temas clave de educación y aprendizaje; por ello impulsó su dignificación, para lo cual creó un consensuado escalafón docente, que convirtió en instrumento privilegiado para atraer a los mejores candidatos al magisterio y mantenerlos en la docencia hasta la jubilación (política común en Europa occidental).
Efectivamente, como revelan estudios recientes, este es un factor fundamental de los sistemas educativos más exitosos.
Yo tampoco fui testigo del gobierno de Juan José Arévalo, pero tengo la esperanza de que algún gobierno retome su espíritu educativo, y logre retener a los mejores maestros del sector público y privado hasta una digna jubilación. ¿Será éste?
El tiempo lo dirá.
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