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Guatemala, 16 de mayo de 2008

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Margarita Azurdia 

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Por Margarita Carrera

En el inicio del mes de abril se inauguró –en el Centro Cultural Metropolitano- una Retrospectiva de la obra de Margarita Azurdia.

La exposición fue abierta por Lucrecia de Prera, del Concejo Cultural de la Municipalidad; asimismo, intervino Amaranta Villar Fanjul, directora de la asociación Milagro de Amor, fundada por su abuela Margarita. Como promotora de la exposición está María del Carmen Pellecer de Farrington, quien tuvo una amistad y estrecha relación con el trabajo de la artista.

En entrevista conmigo, María del Carmen me dio a conocer el valor que tiene –en las diferentes etapas de su vida- la obra de Margarita, quien deja una valiosíma contribución al arte guatemalteco. De tal manera, me relató cómo, a mediados de los 80, Margarita regresó a Guatemala, abandonando París en donde vivía. Por entonces se le conocía con el nombre de Margó Fanjul.

Al radicarse en su patria cambia de manera significativa su nombre. A partir de entonces se llama Margarita Azurdia. Trae consigo todo un mundo de experiencias y aprendizaje, producto de su vida en Europa. En especial hay que destacar los “happenings” performancias y una versión muy propia de Danzas Sagradas.

En Guatemala –continúa María del Carmen- su trayectoria como artista era muy conocida. Se había iniciado como pintora dentro de la corriente del expresionismo abstracto. Su primera exposición conmovió profundamente la “estabilidad” cultural del medio. Pionera de una expresión provocativa e innovadora. Además, incursionaba en la escultura y era creadora de instalaciones, haciendo evidente su vena poética. “Sus cuadros geométricos de grandes dimensiones no podían pasar inadvertidos”, así como sus esculturas realizadas unas en mármol blanco y otras en mármol negro. “Piezas curvilíneas en movimiento”. En la galería Vittorios había expuesto “grandes medio cilindros minimalistas ya con la intención de una interactividad con el observador, muy al estilo de lo que, veinte años después, expuso en los noventas el minimalista Richard Serra. Esta fue parte de la obra que dejó Margó en los 70, cuando en el país ya no había espacio para el arte”, debido al conflicto armado.

“Cada colección e instalación merece un estudio en sí”, dice María del Carmen. Ya que “Margó estaba siempre al día de las corrientes”. Entonces, se reunían con Jaime Bishop y otras artistas para autocriticarse, explorar y figurar nuevos conceptos en el arte. “Las esculturas de Homenaje a Guatemala, calificadas muy acertadamente por Tasso como El Santoral del Popol Vuh, aunque no fueron expuestas abiertamente en su momento, han llamado mucho la atención por la fuerza y sincretismo mítico”, revelando su participación en el feminismo de manera personal. Así fue como dejó Margó Guatemala y empezó a tener reconocimientos en Medellín, Sao Paulo, Nueva York, México. Sin embargo, los 8 años en París la transforman tanto que cambia su nombre de Margó Fanjul a Margarita Azurdia. Influyó en este cambio la fundación de un Laboratorio de Creatividad como experimento, con una idea fantástica de explorar el retorno a los orígenes de nuestra concepción humana. Una terapia sanadora. Con el tiempo, las frases en movimiento dieron lugar a las Danzas Sagradas, con la intención de venerar la Naturaleza del planeta y encontrar la armonía entre lo humano y su búsqueda de espiritualidad en el arte. “De allí salió el libro Iluminaciones”.

“Margarita trabajó hasta el último día de su vida”.

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