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Guatemala, 16 de mayo de 2008

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COLABORACIÓNJosé Miguel ArguetaExtranjero ilegal

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Peldaño a peldaño, cada gua- temalteco se esfuerza todos los días por subir esa escalera de la vida en busca de un futuro prometedor. Muchos que creían que la vida propia y la de su familia estaban barridas por la desesperanza habían encontrado el rumbo con su voluntad de trabajo.

Mala memoria tienen aquellos que, estando en un puesto de gobierno, se olvidan de profesar la sustentabilidad cultural. Todas las personas tienen por su propio trabajo, por su propio esfuerzo, sin importar la nación de la que sean, un acceso a la superación por las oportunidades que la interacción social presenta. Ese trabajo no se da por voluntad de los gobiernos. La sustentabilidad económica se da por el intercambio en un mundo crecientemente multicultural y multilingüe.

Las normativas internacionales en cuanto a la migración de personas muchas veces caen en una ambigüedad de discurso. La resolución 45-158, del 18 de diciembre de 1990, con el título de “Convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares”, presenta este caso. No ratificar dicha convención por los países receptores de migrantes tiene un mensaje claro y definido: mantener barata la mano de obra de inmigrantes ilegales. Entre menos protegido esté el migrante, menor será el salario que un empleador tenga que pagarle.

Esto trae consigo que los migrantes pierdan poco a poco su capacidad para defenderse o ser defendido ante las agresiones que se cometen en su contra. Para muestra, la enorme publicidad que se les dio a las brutales detenciones de migrantes guatemaltecos recientemente.

Ni cuando el chapín va de su país hacia un país donde puede trabajar es sujeto de preocupación real por el Gobierno de Guatemala ni por el Gobierno del país destino. Parece ser que la calidad de migrante inmediatamente en la estructura social de cualquier país le da el carácter de vulnerable.

Esas actitudes de gobierno son inmediatamente copiadas por los nacionales que contratan extranjeros, pues los tratan con una condición de superioridad sobre ellos, violentando todo proceso de alta cultura. Esto crea una vulnerabilidad estructural de los migrantes respecto de los nacionales en cualquier país. La resolución 1706 de la ONU afirma que esa condición de maltrato hacia el migrante es parecida a la esclavitud.

A veces la condición de migrante ilegal desemboca en vejámenes de todo tipo por las autoridades. Todo aquel “que parezca”, ya sea por el color de la piel, por las facciones físicas, un latinoamericano, debe ser perseguido, independientemente de las acciones positivas que para la vida productiva de ese país represente. Las redadas no se hacen contra vagos, sino contra gente que está en un lugar de trabajo enfrentando una escala productiva digna de ser imitada. Las exportaciones más importantes de estos países vienen en un alto porcentaje del trabajo de migrantes.

El migrante chapín subsidia con su indigencia y la de sus familiares todo el aparato productivo de los países receptores de su mano de obra. Ellos terminan recibiendo un ingreso marginal de su mano de obra tan decididamente productiva. Mi apoyo al migrante, en cualquier parte del mundo.

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