Guatemala, 16 de mayo de 2008

CATALEJOMedida positiva, pero insuficienteMario Antonio Sandoval

COLABORACIÓNExtranjero ilegalJosé Miguel Argueta

SIEMPRE VERDE¿El negocio o la vida?Magalí Rey Rosa

VENTANACiudadanos de segundaRita María Roesch
COLABORACIÓNLa hambruna llega

DE MIS NOTASAlfred KaltschmittImprudencia sindical
Existen peligrosos y preocupantes indicios de uso de la organización sindical para propósitos políticos, y no para defender los derechos de los trabajadores. En tiempos de vacas flacas, los líderes populistas explotan las coyunturas difíciles económicas, aprovechándolas para sus fines políticos. El subterfugio es primitivo y elemental. Las presiones económicas vuelven a los trabajadores vulnerables a la manipulación. Los precios del petróleo, el alza en la canasta básica, el precio del transporte, la inflación son efectos derivados de causas exógenas que se originan fuera de nuestras fronteras, ante las cuales poco se puede hacer sino apretarse el cincho, abrazar la austeridad y pasar la tormenta manteniendo la calma y la serenidad.
No es primera vez que hay un aprovechamiento político de los sindicatos. Durante el conflicto armado interno, uno de los más importantes recursos de la subversión fueron los sindicatos. Algunos dirigentes sindicales eran miembros de grupos guerrilleros, y permitían que los sindicatos fueran “frentes legales” de la guerrilla. Actualmente, los repentinos intentos de huelga y paralización de actividades de importantes industrias guatemaltecas, en las cuales predominaban anteriormente una armoniosa relación entre trabajadores y patronos son indicios de manipulación.
Pero ojo. Esos intentos de huelga y paralización de actividades productivas son manifiestamente ilegales, porque no se han agotado todos los procedimientos de conciliación que la ley constitucional ordena. Y es ahí donde los sindicatos deben entender que cualquier intento de desestabilización es como “dispararse en su propio pie”.
Las leyes del país reconocen claramente el derecho a la libre sindicalización de los trabajadores, pero conforme a la ley reconocen también el derecho a la huelga “únicamente por razones de orden económico social”.
Evidentemente el propósito es aprovechar esos problemas para crear caos político, social y económico, que posibilite asaltar el poder, no ya por medio de las viejas e ineficaces vías de la subversión armada, sino por medio de una incontenible ingobernabilidad.
Es lamentable que algunos dirigentes sindicales quieran volver a convertir el movimiento sindical en un medio para lograr propósitos políticos, que nuevamente son subversivos, aunque de otra manera.
Los trabajadores sindicalizados deben ser cautelosos. Esa utilización del sindicalismo para lograr propósitos políticos puede beneficiar a los dirigentes sindicales, pero no a los trabajadores, que fácilmente pueden perder su oportunidad de trabajo y agregarse al tumulto de cesantes que mendigan algún empleo.
En la sede de los sindicatos AFL-CIO en Washington, D. C., la federación sindical más grande estadounidense, se puede leer un pensamiento de Virgilio: “Labor omnia vincit” (el trabajo conquista todo). La frase parece irónicamente cruel. El porcentaje de trabajadores sindicalizados ha bajado de un 20 por ciento en 1980 a 12 por ciento en el 2007. Y casi la mitad de esos son empleados estatales. Muy lejos de conquistarlo todo, el movimiento sindical parece dirigirse a la extinción.
Me pregunto yo si los sindicalistas criollos no están siguiendo la misma receta hacia el desfiladero.
alfredkalt@gmail.com
Portada | Nacionales | Departamentales | Económicas | Opinión | Deportes | Cultura | Buena Vida | Espectáculos
© Copyright 2008 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.
Políticas de Privacidad | Contactos | Sus comentarios sobre el sitio