Guatemala, 16 de junio de 2009

DE MIS NOTASDesviación de la visiónAlfred Kaltschmitt

MIRADOREléctricosPedro Trujillo

HOMO ECONOMICUSChalecosJosé Raúl González Merlo

PUNTO DE ENCUENTROA sangre y plomoMarielos Monzón

WACHIK’AJCuidado CCMartín Rodríguez

SIEMBRACarlos Enrique Zúñiga FumagalliEjemplo cívico
En este momento el país ha llegado a un punto casi de no retorno en lo que respecta a la violencia, la impunidad, la falta de justicia y la corrupción. En estos días estamos cumpliendo un mes del horrendo asesinato de las tres hermanitas Suruy, del vil asesinato de Rodrigo Rosenberg y a casi dos meses del asesinato de los señores Musa.
La verdad es que en Guatemala cada día se cumple un mes de la muerte de más de 15 personas que son impunemente asesinadas diariamente; ¡sin parar! Lo que no quieren entender las autoridades es que todas estas estadísticas tienen un nombre, una familia y muchos conocidos detrás, que todos pero todos los ciudadanos hemos tenido que lamentar la muerte violenta de más de un conocido.
Lo que suma al dolor y se convierte en una creciente indignación es que más del 98 —por no decir todos— por ciento de los casos quedan en total impunidad. Ya sea porque no son investigados correctamente por el Ministerio Público o nunca son arrestados por la Policía Nacional Civil, o no son enjuiciados por un Organismo Judicial plagado de corruptos, o son dejados en libertad por esa misma razón.
Nadie, pero nadie, es superior a la ley y todos son inocentes hasta que se pruebe lo contrario, pero eso no quiere decir que se deje de indagar a todos los posibles implicados en un caso criminal por el simple hecho de ser funcionarios públicos.
Aparte de que el Ministerio Público no cumpla con su obligación de llamar a declarar a quien corresponda. En mi caso, de estar señalado injustamente, yo me habría presentado inmediatamente a ser indagado para aclarar cualquier duda que pudiese existir sobre mi involucramiento en un hecho criminal.
Más aún si fuese quien representa al Estado por decisión de un pueblo que en este momento está pidiendo que la justicia funcione, que el Estado aplique y respete la ley.
Por eso es que los ciudadanos de bien ya estamos hartos de que todo el mundo haga su gana en este país, de que los funcionarios se crean superiores a la misma ley, de que quienes existen precisamente para aplicarla y hacer que se cumpla son los primeros en reírse irónicamente de su aplicación.
Esto no es nada nuevo, y la indiferencia ciudadana ante estos abusos de poder e ilegalidades es, precisamente, la principal responsable de que el país esté al borde del mismísimo infierno. Recordemos que “hechor y consentidor” son al final la misma porquería. Esa misma indiferencia y desinterés por el bienestar del prójimo es lo que hace que, en lugar de ser rechazados, los corruptos y criminales sean aceptados diariamente y hasta admirados por algunos incautos, tontos útiles o “transeros”.
Por eso es que hay que felicitar a los jóvenes de este país. Porque con los movimientos que han organizado para rechazar la violencia, la falta de justicia y la impunidad nos están dando una lección, no solo de civismo, sino de moral y ética. Un ejemplo de valentía y un mensaje claro de que no van a permitir que la impunidad y la corrupción sigan siendo parte de su vida. ¡Bravo! Y gracias a la heroica juventud guatemalteca por enseñarnos a los viejos que no está bien ser cómplices de los criminales al ser permisivos. Aprendamos y unámonos a ese movimiento por rescatar al Estado y rechazar públicamente a los corruptos y criminales. ¡Si no, somos consentidores!
cezunigaf@hotmail.com
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