Escenario
Graciela Iturbide trae a Guatemala su visión del mundo en blanco y negro
La fotógrafa mexicana Graciela Iturbide se encuentra en Guatemala para mostrar su mundo en blanco y negro.
Graciela Iturbide está en Guatemala para inaugurar su primera exposición, el 11 de abril del 2026, en el Centro Cultural de España, zona 1. (Foto Prensa Libre: María Reneé Barrientos)
Su sueño de niña era ser escritora, pero sus padres no le permitieron estudiar Letras. Sin embargo, Graciela Iturbide encontró en la fotografía el lápiz que necesitaba para contar historias. Con más de 50 años capturando el mundo a su manera —en blanco y negro y con una cámara análoga—, la fotógrafa mexicana se ha convertido en una de las más reconocidas e influyentes en Latinoamérica y el mundo.
Iturbide nació en 1942 en la Ciudad de México; se casó a los 19 años y, cuando ya habían nacido sus tres hijos, en 1969 decidió ingresar a la Escuela de Cine de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde conoció al fotógrafo Manuel Álvarez Bravo.
“Me di cuenta de que en la misma escuela estaba Manuel Álvarez Bravo, fotógrafo mundialmente reconocido. Fui a verlo con un libro que tenía de él, le pedí que me lo firmara y le dije: ¿usted cree que me pueda quedar aquí a escuchar sus lecciones? Me dijo que sí y empecé a ir todos los días. Al tercer día me preguntó si quería ser su ayudante, y le dije: ¡claro que quiero, con mucho gusto!”, cuenta la artista.
Ahí comenzó a aprender de él y a adentrarse en el mundo de la fotografía. Después de un tiempo se independizó y comenzó a trabajar sola, capturando el mundo sin prisas, como él le había enseñado.
“Su mayor recomendación era: hay tiempo; lo tenía puesto en su laboratorio. Significa que no hay que apresurarse a tomar fotos, sino que hay que tomarse el tiempo para ver, observar y tomar una foto que te gusta. También me decía que debía leer mucho, ver muchas pinturas para aprender de composición y cultivarse con el arte popular”, recuerda.
Para tomar sus primeras fotografías iba al centro de la ciudad, donde retrataba a las personas que veía pasar, atraída por la realidad y la naturaleza que las rodeaba; luego viajó por Latinoamérica para seguir capturando diversas culturas.
Entre el desierto y Frida Kahlo
En 1978 comenzó a documentar a la población indígena de su país. Primero fue con los Seris, que viven en el norte de México, en el desierto, y luego con el pueblo Juchitán, en el sureste de ese país.
“Yo trato de vivir siempre en comunidad con ellos, no interrumpirlos y pedirles permiso para fotografiarlos. Fue maravilloso, impactó mi vida y aprendí muchísimo de ellos. Vi cómo hacían sus güipiles, aprendí de cocina, me iba con ellos a todas sus fiestas y me volví parte de su comunidad. Incluso, cuando hice mi casa en la ciudad, ellos vinieron y la bendijeron para que estuviera limpia según sus tradiciones. Fue una enseñanza increíble conocer la cultura de mi país, ver las raíces de los pueblos y aprender de ellos”, asegura.
Entre las múltiples escenas que ha capturado en los últimos 55 años también destacan las que tomó en el baño de Frida Kahlo, pintora mexicana cuya intimidad conmovió a Iturbide.
“Fue una experiencia muy fuerte, porque yo había ido a la casa de Frida Kahlo porque me invitaron a fotografiar su ropa. Pero yo, caminando por la casa de Frida, vi abierta una puerta donde había un baño lleno de todos los objetos de Frida: sus prótesis, su corsé, sus muletas, y tenía muchos animales disecados en su roperito. Ahí, al ver que todo era de una mujer que había sufrido tanto, que se acostaba en su cama con un espejo en el techo para pintar, la admiré mucho. Es una mujer que desde niña tuvo poliomielitis, luego tuvo un accidente en un pie, luego le tuvieron que cortar la pierna, luego la cadera estaba mal, luego no pudo tener hijos, que era su ilusión; entonces, para mí fue muy fuerte, porque todo lo que había en ese baño era su terapia, era su dolor”, cuenta.
Entre las fotografías que tomó en el baño de Frida, hay una donde Iturbide puso sus pies en la tina, donde se ve una cicatriz porque la acababan de operar.
“Yo no me acordaba de que Frida tenía un cuadro que se llama Lo que el agua me dio, donde están sus pies en esa misma tina, pero ella pintó también ahí unos paisajes. Yo hasta después me di cuenta de la similitud de mi foto y su pintura, porque todo lo hago inconsciente, con intuición. Vi y eso fue muy fuerte para mí”, expresa.

“Sueño en blanco y negro”
El blanco y negro es el sello distintivo de las fotos de Graciela Iturbide, porque es la forma en que ella percibe el mundo.
“Incluso sueño en blanco y negro. Lo que pasa es que el color no me gusta; el color para mí es muy chillante y yo prefiero la abstracción, prefiero tomarlo en blanco y negro porque los grises y los blancos le dan a la foto lo que yo pretendo. Hay fotógrafos maravillosos en color, pero a Graciela Iturbide no le salen las fotos en color; prefiero el blanco y negro”, explica.
Iturbide asegura que con su trabajo no quiere impactar al público, sino impactarse ella con lo que ve y dárselo a la gente, para que sienta lo que ella sintió al momento de capturarlo.
“Quiero que vean con sus propios ojos lo que yo capté y que ellos capten con sus ojos lo que quieran, pues cada uno tiene una manera diferente de ver el mundo”.

Asegura que su cámara es su fiel compañera y, si pudiera hablarle, le daría las “gracias”, porque ha sido el mejor pretexto para conocer el mundo y la vida.
“Por medio de mi cámara he conocido parte de mi país y muchos lugares del mundo, como la India y Madagascar; entonces le daría las gracias porque siempre me ha acompañado y la quiero mucho”, expresa.
Ante la era digital que se vive hoy, Iturbide sigue prefiriendo la cámara análoga; sin embargo, anima a los nuevos fotógrafos a prepararse, crear y disfrutar lo que hacen.
“Yo les diría que hagan lo que quieran, pero con pasión y con conocimientos, que se formen intelectualmente, lean sobre cada lugar al que van, platiquen con la gente y se impregnen del pueblo, porque eso va a influenciar en su trabajo. Pueden usar una cámara de cartón, una análoga, una digital, lo que quieran; lo importante es el resultado, la pasión por lo que hacen y lo que aprendan de la cultura de cada lugar al que van”, aconseja.

A lo largo de su carrera, su arte se ha expuesto en diferentes países de América, Europa y Asia; sin embargo, esta es la primera vez que llega a Guatemala. La muestra reúne alrededor de 70 fotografías tomadas por la artista en diferentes contextos y realidades de su natal México, incluidos los pueblos seris, Juchitán y la comunidad de los Cholos, así como sus series de Pájaros y el Baño de Frida Kahlo. Las imágenes fueron escogidas por la curadora española, Elena Navarro.
La inauguración de la exposición será el sábado 11 de abril del 2026, a las 12 horas, en el Centro Cultural de España, 6a. avenida 11-02, zona 1, edificio Lux. Estará abierta de martes a sábado, de 10 a 19 horas, hasta el 18 de julio.
“Me da gusto venir a Guatemala, exponer aquí, conocer el país y haber visto la Semana Santa de los pueblos de Guatemala. Había venido antes para ser jurado, pero es la primera vez que expongo mi obra. Guatemala es maravillosa, sobre todo la amabilidad de la gente. Yo nunca había ido a un lugar, en ninguna parte del mundo, donde la gente fuera tan amable y linda. ¡Estoy enamorada del pueblo de Guatemala y fascinada de su gente! Espero que esta exposición les guste a los guatemaltecos y que yo les pueda transmitir algo con mis fotos”, concluye.

