Proyecto comunitario transforma la vida de quinientas mujeres

Un grupo de 500 mujeres culminó el proceso de formación del programa Nutrición y Emprendimiento Comunitario, el propósito de la iniciativa es reducir la desnutrición y empoderar a las mujeres, así como a las comunidades.

El proyecto tendrá un tercer grupo de formación en enero del próximo año. (Foto Prensa Libre: María Longo)
El proyecto tendrá un tercer grupo de formación en enero del próximo año. (Foto Prensa Libre: María Longo)

“Ahora puedo ayudar en los gastos”, “compro comida para mis hijos”, “Ya no permito que mi esposo me pegue”, “puedo comprar útiles escolares a mis niños”, “pienso pagar mis estudios”, “me alimento mejor y mis hijos también”, fueron algunas frases de las mujeres que se graduaron.

El programa Nutrición y Emprendimiento Comunitario de la Fundación Juan Bautista Gutiérrez comprende el fortalecimiento de las mujeres en temas de alimentación, acceso a alimentos nutritivos y autosostenibilidad económica.

El grupo que se graduó inició el proceso de formación en el 2017, las mujeres fueron contactadas para ser parte del programa por medio del centro de salud e incluso los integrantes de la fundación visitaron los hogares “de puerta en puerta”.

“Si impactamos comunidades, podemos cambiar el país. Las niñas aquí en San Cristóbal no iban a la escuela, tenían 12 años y las regalaban a los hombres para que formaran una familia y eso no es posible, porque las mujeres deben estar educadas, pero ahora hay niñas que estudian”, aseguró Isabel Gutiérrez de Bosch, presidenta de la fundación.

Para Gutiérrez, San Cristóbal Totonicapán es el lugar donde disfrutó de su niñez y está es una razón más para apoyar el desarrollo de la comunidad donde vivió hasta los siete años.

“Lo que recuerdo de San Cristóbal es que yo quería jugar con niñas y me tocaba jugar con niños, porque las niñas siempre estaban en casa para ayudar a sus mamas, entonces yo iba a las casas de ellas para ayudar a lavar platos y cuidar  a sus hermanitos, después me las prestaban para que llegaran a la casa a jugar”, relató Isabel.

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De acuerdo con la fundación, por medio del programa se logró la reducción de la desnutrición crónica, esto por medio del monitoreo de 202 niños menores de 2 años.

“Una mujer empoderada puede trabajar, se atreve a poner su negocio, se les ha puesto casas del pollo, venden alimentos, venden artesanías y hasta pueden exportar lo que hacen”, dijo Gutiérrez.

La primera etapa del programa fue del 2014 al 2016, en ese entonces se impactó en un 31 por ciento la reducción de la desnutrición crónica, datos que según la fundación motivaron a continuar y ejecutar una segunda fase.

“Ahora tienen un trabajo y mejoran a sus familias, da gusto llegar a sus casas, tienen estufa de gas y no tienen que levantarse a las 2 de la mañana a cortar leña”, relató Gutiérrez.

El primer eje del programa comprende talleres de formación para la adecuada selección, preparación y consumo de alimentos, el segundo radica en acercar los alimentos nutritivos a las comunidades.

“Hicimos un diagnostico y nos dimos cuenta que en las tiendas de barrio no había alimento nutritivo y que la mujer en la punta de la comunidad tenía que venir hasta el mercado cada dos semanas para adquirir proteína, entonces empezamos con las casas del pollo para llevar este componente”, afirmó Cristina Díaz, directora de la fundación.

El tercer eje incluye el empoderamiento de la mujer y que pueda acceder a una actividad económica. “Están muy bien empoderadas y tienen su carácter, ellas se sienten en su rol y sus hogares cambiaron, esas hijas e hijos van a ser otros, son otras mujeres”, indicó Díaz, directora de la fundación.

De las 500 mujeres que culminaron el proceso, al menos 100  emprendieron como tejedoras y en la producción de artesanías Utzil, la casa del pollo y el rincón del pollo son otros emprendimientos que consisten en vender este producto.

“Lo lindo del modelo es que deja la capacidad instalada en la población, nosotros nos podemos hacer a un lado y entonces ellas solitas están empoderadas y empiezan con sus propias ideas a generar el cambio, es un ejército de mujeres empoderadas”, afirmó Díaz.

Producciones Utzil, es una organización que surgió  a partir de una pulsera artesanal, actualmente son 30 mujeres que logran llevar diferentes productos a Estados Unidos y Costa Rica.

Las emprendedoras de Utzil fabrican carteras, güipiles, bufandas, monederos y blusas, para lograrlo se trabaja un programa de incubación en el que se forma a las mujeres.

“Actualmente la economía esta baja y en las comunidades no se gana el salario mínimo, entonces se necesita empoderar a las mujeres para que puedan tener ingresos económicos independientes”, afirmó Amalia Tayún, encargada del programa Producciones Utzil.

Las artesanas reciben el apoyo de la fundación para capacitarse en administración, control financiero, pago de impuestos, control de calidad y atención al público.

“Lastimosamente se ha trabajado mucho el machismo y decir que la mujer esta apta para la cocina, los hijos y atender al esposo, pero queremos que se empoderen en decir si podemos producir y ser mujeres de éxito emprendedoras”, afirmó Tayún.

Para Vilma Jocol el trabajo artesanal que ahora realiza a sus 25 años le permite mejorar la calidad de vida de su hija.

“Ella es pequeña y necesita de mis cuidados, no puedo producir mucho pero realizo ambas cosas, cuidarla y ganar dinero”, afirmó.

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