Sentidos
Chicos, medianos y grandes… ¡todos a jugar!
La actividad lúdica beneficia a todos, así que no deben existir límites para divertirse en familia.
Los juegos, independientemente si son físicos o de mesa, contribuyen a crear vínculos en las familias. (Foto Prensa Libre: Freepik)
Llega el fin de semana o ese ansiado asueto y, en teoría, podría abrirse la puerta a la convivencia familiar. Sin embargo, luego de una semana intensa de trabajo y estudio, tanto padres como hijos pueden caer fácilmente en la tentación de sumergirse en las pantallas y dejar que la inercia del tiempo se lleve consigo la posibilidad de abrirse a experiencias divertidas en el mundo real.
¿Cómo ponerle fin a esa situación? Tres expertos proponen el juego como el antídoto perfecto. Todos aseguran que cada miembro de la familia que se involucre tendrá beneficios que van desde enriquecer las relaciones entre padres, hijos y abuelos hasta los que atañen a la salud física.
Vencer los obstáculos
No divertirse en familia tiene algunas razones: unas reales y otras imaginarias, como destacan los expertos. Sobre las primeras, Reyna Margarita Chinchilla de Hernández, psicóloga, máster en Educación con especialidad en Docencia Superior y en Intervenciones Psicoterapéuticas, destaca: “En la actualidad las exigencias de los costos de la vida obliga a los padres a laborar más de una jornada, manejo de estrés excesivo que repercute en los cambios de humor y agotamiento…”.
Sin embargo, la experta añade: “La realidad es que jugar suele ser la mejor medicina para el estrés, permite que se experimente mejor humor y bienestar”.
El psicólogo clínico Juan Chivalán asegura que, en primer lugar, debe desecharse la idea de que el juego es una pérdida de tiempo. “No debe verse únicamente como diversión ni solo como un pasatiempo para los niños. En el ámbito familiar, puede convertirse en herramienta para el conocimiento mutuo”, asevera el profesional.
Chivalán añade que muchos padres tienen la idea de que al jugar con sus hijos pierden autoridad al tener que someterse todos a las mismas reglas. Además, algunos pueden sentirse vulnerables ante sus propios comportamientos. Sin embargo, aconseja aprovechar los momentos de juego. “Los padres pueden conocer más a sus hijos durante el tiempo de juego”, añade.
Expone que algunos padres también perciben cómo sus hijos van ganando independencia al momento de jugar y eso a algunos les asusta, porque se dan cuenta de que están dejando de depender de ellos y temen que se alejen. Pero es importante entender que ese cambio es positivo.

Experiencias formadoras
Chinchilla asegura: “Para los niños el juego constituye la base del desarrollo psicosocial”. Estos beneficios se reflejan en el manejo de las emociones, la manera en que resuelven problemas, un lenguaje más fluido, el compañerismo, la empatía y la tolerancia.
"Dependiendo de las edades, aprenden a seguir reglas y expresar lo que piensan y sienten", expone la experta.
Chivalán añade que a los más pequeños les brinda la oportunidad de crear independencia, de darse cuenta de que no están solos en el mundo y de la importancia de los otros para establecer relaciones.
Cuando se habla de juegos activos y deportes, existen otros beneficios que destaca Verinka Gudiel Morales, médica de las clínicas del Ministerio de Cultura y Deportes. “Jugar futbol, matado, voleibol, el avioncito, además de hacerlos sentir felices, a los niños les ayuda al desarrollo de la masa muscular y a su crecimiento óseo”. Independientemente de eso, este tipo de juegos también exige el desarrollo de la atención, el equilibrio, la coordinación motora y la búsqueda de objetivos, señala Gudiel Morales.
La médica explica que, además, si existen horarios para jugar, también se desarrolla en los niños el sentido del hábito. "Cada juego exige capacidades y habilidades que, al ponerlas en práctica, se fortalecen. “Desde correr, localizar objetos, organizarse o planificar hacen que el cerebro se desarrolle”, destaca.
Sin límite de edad
Si bien, los niños han sido tradicionalmente quienes juegan, los profesionales señalan que los adultos no deben abandonar ese tipo de prácticas. Gudiel Morales aconseja dejar atrás la idea de que, por ejemplo, los abuelos ya no pueden hacer ciertas actividades y adaptar los juegos y las actividades a cada uno de los miembros.
Por eso, indica que al momento de planificar un juego para toda la familia es importante tomar en cuenta las edades y capacidades de cada miembro del grupo.
Los adultos mayores se beneficiarán también de esos espacios de diversión y esparcimiento, además, el juego también contribuye a retrasar signos de enfermedades degenerativas, apuntan los expertos.
Los adultos mayores también pueden ser quienes planifiquen los juegos e, incluso, enseñar a hijos y nietos algunos de los que solían practicar en su niñez o juventud.
Libres y en acción
Cada práctica en familia requiere una iniciativa, por eso debe haber siempre quien tome las riendas y haga propuestas. Sin embargo, es muy importante respetar a los demás tanto durante la preparación del juego como dentro de él. Chivalán insiste en que el juego debe verse como un “espacio seguro” para todos.
Gudiel Morales enfatiza la importancia de que los adultos se involucren realmente en los juegos, incluso cuando no son ellos quienes van a jugar. “De nada sirve que un papá ‘acompañe’ a los niños al parque o a la calle, si va pendiente de su celular”, expresa la médica. Incluso, afirma que para cada sesión de juegos los padres o adultos responsables deben prever detalles como la hidratación de la familia y tener a mano elementos para atender necesidades básicas.
Parte de la planificación también incluye pensar en las edades de quienes participan y, de acuerdo con su estado de salud, asignar tareas. Por ejemplo, si una persona mayor va a estar presente, pero no tiene suficiente movilidad, no debe quedar fuera, ya que puede ser la encargada de llevar el conteo de puntos en una competencia, organizar a los más chicos para hacer porras e, incluso, tener a su cargo la vigilancia de la hidratación de la familia.
Vínculos fuertes
Establecer dinámicas de juego en familia puede contribuir a compartir tiempo de calidad, mejorar la comunicación, generar confianza y asertividad y permitir la creación de recuerdos significativos. Además, puede fortalecer la identidad de cada uno de sus miembros, sobre todo cuando se promueve el respeto mutuo.
Elegir y combinar
Si se jugará en familia, lo justo, lógico y práctico será que entre todos decidan qué actividades desean realizar. Existen diversas formas de jugar. Así que parte de la planificación será ver las opciones de acuerdo con las edades, gustos y capacidades. He aquí un listado de los mencionados por los expertos consultados:
Juegos de mesa: damas chinas, monopolio y sus variedades, ajedrez, Uno, dominó, lotería, bingo
Juegos de movimiento: escondite, baile, avioncito, matado, tenta, gallina ciega, Twister
Juegos de roles: mímica, cambio de roles
Juegos de construcción: trocitos, rompecabezas, modelismo de casas, aviones o autos
Deportes en equipo: futbol, voleibol, baloncesto, beisbol
¿Qué elegir según la edad?
La psicóloga Chinchilla de Hernández recomienda las siguientes prácticas según las necesidades de cada edad:
- Niños: Entre los 0 y los 12 años es recomendable la ejercitación, el movimiento, la exploración del entorno a través del gateo, los juegos manipulativos (plastilina, legos, trocitos, cubos), promover los juegos de construcción, el arte y desarrollar la imaginación a través de los cuentos.
- Adolescentes: Los juegos relacionados con el trabajo en equipo, la competencia, la práctica de deportes, los juegos de mesa, los juegos relacionados con la solución de problemas y el uso de estrategias.
- Adultos: Mantener la actividad física mediante juegos al aire libre, caminatas, juegos de palabras y juegos de mesa, que suelen ser una excelente opción para motivar la participación en familia.
- Personas de la tercera edad: Los adultos mayores necesitan actividades y juegos que les permitan distraerse, compartir, reír y recordar.







