Salud y Familia
Cáncer de cuello uterino: Cómo puede prevenirse y tratarse si se detecta a tiempo
Más de mil 500 casos nuevos de cáncer cervical se detectan cada año en Guatemala. La principal causa de esta enfermedad es el virus del papiloma humano (VPH).
Asistir a los chequeos ginecológicos, realizar el Test del VPH y el Papanicolaou; podrían ayudar a detectar el cáncer cervicouterino en su etapa temprana. (Foto Prensa Libre: Freepik)
El cáncer de cuello uterino, también conocido como cáncer cervicouterino, cervical o de cérvix, es exclusivo de la mujer y se origina en la parte baja de la matriz.
Su principal causa es el virus del papiloma humano (VPH), una infección de transmisión sexual que contrae entre el 80% y 90% de la población mundial.
“El VPH es un virus muy común que se transmite por contacto sexual. En la mayoría de las personas, el organismo lo elimina de forma natural, pero cuando ciertos tipos de VPH permanecen por muchos años, pueden producir cambios celulares que, con el tiempo, pueden convertirse en cáncer”, explica Alejandro Aguilar, ginecólogo oncólogo del IGSS.
Según Héctor Manuel Cortez, ginecólogo oncólogo del Instituto de Cancerología (Incan), el VPH se detecta en el 99.7% de los casos de cáncer de cuello uterino; es decir, solo el 0.3% de los casos no está totalmente asociado a este virus.
Otros factores que pueden aumentar el riesgo son: fumar, no realizarse controles ginecológicos periódicos, iniciar relaciones sexuales a edad temprana, tener múltiples parejas sexuales, un sistema inmunológico debilitado y no haber recibido la vacuna contra el virus.
Un virus silencioso, pero peligroso
El VPH no causa síntomas. Al contagiarse, el virus se introduce en la célula del tejido cervical y la infecta; luego llega a su ADN y se replica, creando nuevas células infectadas que continúan reproduciéndose hasta generar miles de copias. Esto provoca daño celular en el tejido que, con el tiempo, puede evolucionar a lesiones precancerosas y cáncer cervical.
“El cáncer de cérvix sí da señales y, lamentablemente, es cuando ya está establecido. El principal síntoma es el sangrado poscoital, es decir, después de las relaciones sexuales”, explica Cortez.
Cuando la enfermedad avanza puede presentarse hemorragia vaginal, dolor pélvico e hinchazón en las piernas en etapas más avanzadas. Si alcanza los pulmones, puede causar dificultad respiratoria.
“Estamos hablando de un proceso que va desde la detección asintomática hasta que la paciente comienza a manifestar síntomas en otros órganos como pulmón, hígado, riñón o intestino”, agregó.
Lo que diferencia al cáncer de cérvix de otros tipos de cáncer ginecológico es que permite acceso directo para tomar muestras, observar la lesión y realizar procedimientos sin necesidad de extirpar la matriz.
Por ello se efectúan jornadas de detección en las que se utiliza el Papanicolaou como método principal para detectar lesiones precancerosas en el cuello del útero.
“El Papanicolaou permite detectar cambios en las células del cuello del útero antes de que se conviertan en cáncer. Por eso es importante realizarlo incluso cuando no hay molestias. La frecuencia depende de la edad y los antecedentes”, explica Aguilar.
Sin embargo, aunque es un método útil, expertos aseguran que su sensibilidad es baja y detecta entre el 30% y 40% de los casos.
Los especialistas han encontrado mayor efectividad en la prueba del VPH, que tiene una sensibilidad del 90% al 95%, por lo que recomiendan realizar el cotest, es decir, el Papanicolaou y la prueba del VPH en conjunto.
“Pero no podemos diagnosticar cáncer de cérvix solo al observar una lesión. El diagnóstico se realiza por medio de una biopsia. Para ello se toma una muestra del tejido del cérvix y se envía al patólogo, quien determinará mediante microscopio si hay células cancerosas”, explica Cortez.
Posteriormente se solicitan pruebas de imagen, como tomografía de abdomen y radiografía de pulmones, ya que son los primeros órganos hacia donde se disemina la enfermedad.

¿El cáncer de cérvix se puede curar?
Según Aguilar, el pronóstico es favorable en etapas tempranas. Cuando se detecta a tiempo, las tasas de curación son altas y los tratamientos suelen ser menos agresivos.
El cáncer de cérvix afecta principalmente a mujeres entre los 30 y 60 años. Para que una lesión causada por el VPH evolucione a cáncer pueden transcurrir entre 10 y 12 años.
“En nuestro país hay mujeres que inician la vida sexual a edad temprana, existen malos hábitos como tener más de una pareja y situaciones de violencia intrafamiliar. Luego transcurre ese período sin síntomas ni detección, mientras la enfermedad avanza”, señala el especialista del Incan.
Existen cuatro estadios del cáncer de cérvix, que dependen del tamaño del tumor y de si se ha diseminado a otros órganos.
En el estadio 1, la enfermedad se limita al cuello uterino y puede tratarse con cirugía. La probabilidad de curación es del 90% al 95%.
En los estadios 2, 3 y 4, generalmente no es operable. El tratamiento incluye radioterapia y quimioterapia concomitante; en algunos casos, inmunoterapia en ensayos clínicos.
En el estadio 2, la probabilidad de curación es del 70% al 75%; en el estadio 3, del 40%; y en el estadio 4, entre el 15% y 20%.
Según cifras del Observatorio Global de Cáncer 2020, en Guatemala se diagnostican mil 555 nuevos casos cada año. Ocupa el segundo lugar en incidencia entre los cánceres ginecológicos y el primero en mortalidad, con 872 muertes anuales.
Los expertos advierten de que las cifras podrían ser mayores debido a la falta de acceso a pruebas de detección en algunas regiones del país.
¿Cuándo se debe aplicar la vacuna contra el VPH?
Los especialistas destacan que el cáncer de cérvix puede prevenirse mediante la vacuna contra el VPH.
“La vacuna contra el VPH es altamente efectiva y segura. Es la estrategia propuesta para erradicar el cáncer de cérvix”, afirma Aguilar.
Debe aplicarse a niños y niñas entre los 9 y 14 años, en dos dosis, antes del inicio de la vida sexual. Si se administra entre los 15 y 35 años, se recomienda una tercera dosis.
“Si por razones económicas o de disponibilidad solo se pudiera aplicar una dosis, se puede obtener hasta un 70% de protección”, señala Cortez.
Existen más de 200 serotipos del VPH. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), los tipos VPH 16 y VPH 18 son responsables del 70% de los casos de cáncer de cuello uterino en el mundo.
Los tipos VPH 31, 33, 45, 52 y 58 también son de alto riesgo y, junto con los anteriores, representan el 90% de los casos.
“Recomendamos la vacuna Gardasil 9 porque protege contra nueve serotipos: 16, 18, 31, 33, 45, 52 y 58”, explica Cortez.
Los otros dos tipos son el 6 y el 11, que no causan cáncer, pero sí pueden provocar condilomas, es decir, verrugas genitales.
Las mujeres que ya han tenido VPH pueden vacunarse, ya que la inmunización protege contra otros serotipos incluidos en la vacuna.
¿Cómo reducir el riesgo?
Además de la vacunación, los especialistas recomiendan:
- La circuncisión en el hombre reduce el riesgo de transmisión del virus.
- Acudir a controles ginecológicos periódicos.
- Realizar el Papanicolaou según indicación médica.
- Efectuar la prueba del VPH junto con el Papanicolaou.
- Mantener una vida sexual responsable.
- Llevar una alimentación equilibrada.
- No fumar.
- Evitar el consumo excesivo de alcohol.
- Realizar al menos 150 minutos de ejercicio por semana.
- Evitar el sedentarismo.











