Editorial
NOTAS DE Editorial
El conflicto Nahualá-Ixtahuacán es la verdadera prueba de habilidad, madurez e inteligencia institucional para las autoridades actuales. Para atenderlo se necesita más que policías y soldados, pero por ahora ni eso hay.
En ciertos espacios de divulgación oficial se utiliza una frase referente a que las buenas noticias también se cuentan, pero en realidad los gobiernos, y en especial los políticos, deberían aprender que es al revés: los malos resultados también se deben divulgar y reconocer.
La dolorosa cruzada que Franco inició aquel infausto 16 de diciembre del 2001 incidió en la creación de la alerta Isabel-Claudina.
Decir que nadie triunfa solo entraña un doble mensaje: resaltar el valor de la unión familiar, de la solidaridad entre deportistas y del papel fundamental de los técnicos, nutricionistas y también de los dirigentes, que no deben aparecerse solo a la hora de las fotos en el podio.
El pueblo de Guatemala necesita y merece una nueva y transparente estrategia de prevención y atención al covid-19.
Es un honor para la historia de Prensa Libre que su entonces presidenta, Teresa Bolaños de Zarco (1922-1998) —viuda de nuestro cofundador, Isidoro Zarco Alfasa, asesinado en 1970, en pleno conflicto armado— haya participado en los esfuerzos iniciales de diálogo.
Es lamentable el repunte de emergencias atendidas en hospitales públicos —y sin duda también en centros privados— en las cuales hay niños que sufren quemaduras, amputaciones y en ocasiones graves secuelas de vista y oído a causa de la manipulación de artefactos pirotécnicos sin la debida supervisión.
Se debe crear conciencia del riesgo criminal que conlleva un conductor ebrio, el abuso de velocidad en rutas urbanas o carreteras, llevar a tres o más personas en una moto, conducir sin haber descansado las horas suficientes o irrespetar señales de tránsito tan elementales como un semáforo en rojo.
La mayor destrucción de la guerra no fue la de puentes, torres eléctricas o inmuebles, que fue lamentable. El mayor daño se hizo a la confianza, a la empatía, al entendimiento de diferencias, al respeto de libertades y responsabilidades. Por ello el desafío de la paz sigue abierto.
Celebrar la Navidad es una pausa fugaz, pero trascendental.