Editorial
NOTAS DE Editorial
El presidente Giammattei se topó con una crisis global de salud inesperada, pero así mismo de inesperada es esta oportunidad para reconvertir el Estado, algo que los gobernantes anteriores no tuvieron el valor o el interés de emprender.
Los visos de salida de la actual situación aún no pueden ser asegurados por nadie. El Gobierno de Guatemala, al igual que los de tantas naciones, se encuentra ante la disyuntiva de retornar a la actividad productiva bajo el riesgo de un repunte de casos y, por el otro, la merma en la actividad productiva ha llegado a un punto crítico que ya resienten miles de familias a causa de la falta de un ingreso económico que las coloca al borde del riesgo alimentario.
La tecnología constituye un potencial aliado para la continuidad de sendas secuencias educativas de cada aula, pero depende de variables que no necesariamente están bajo control de los interesados.
Debe ampliarse el diálogo ahora para escuchar las propuestas de universidades, centros de pensamiento e institutos técnicos para conducir la prospectiva nacional más allá de lo sanitario.
Alegra el avistamiento de unos cuantos especímenes sedientos en el parque nacional Tikal, vacío en estos días por falta de visitantes, pero de poco sirve si su verdadero hábitat continúa reduciéndose en total impunidad.
De toda crisis siempre surgen oportunidades, es una frase usual de emprendedores, consultores de negocios, estrategas comerciales y asesores de gobiernos. Es un axioma demostrado en repetidas formas, tanto en el mundo de las empresas como en el devenir de los Estados, pero es necesario mantener la visión de razonable optimismo en lugar de solo esperar pasivamente el impacto.
El papel de los gobiernos locales durante la emergencia ha cobrado cada vez mayor relevancia, pero esto no es un aval para protagonismos vacuos como los exhibidos por ciertos alcaldes.
Cabe reconocer el papel responsable que mantienen hasta ahora miles de medianos, pequeños y grandes productores de verduras y legumbres que, pese a las contingencias sanitarias y las limitaciones de horario, han proseguido aprovisionando los mercados locales.
El presidente del Congreso aún está a tiempo de abrir las puertas a la transparencia, a la sana crítica y a las voces disidentes, puesto que esta es la naturaleza de cualquier legislativo, pero para ello es necesario derogar las comisiones de aliados que pueden terminar por hacer más daño que bien y a un costo de oportunidad incalculable.
Si en lugar de otorgar millones anuales a un inservible Parlacén se destinaran esos fondos a estudiantes talentosos, en menos de una década habría más resultados que en los 30 años que lleva tal constructo disfuncional.