La violencia reiterada pone de relieve el discurso político divisivo
La política estadounidense ha visto cómo un discurso violento se ha colocado poco a poco en la narrativa de las autoridades.
Un agente de policía toma fotografías tras un tiroteo ocurrido el sábado cerca de la Casa Blanca (Foto Prensa Libre: Tom Brenner/Para The Washington Post )
Durante años, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha recurrido a los insultos, las amenazas y un lenguaje político combativo como elementos centrales de su imagen pública, al retratar a sus oponentes como enemigos, a sus críticos como amenazas y las luchas políticas como batallas existenciales por la supervivencia del país. Tras varios intentos de asesinato contra Trump y en medio de un aumento generalizado de las amenazas contra funcionarios, los expertos en violencia política debaten sobre si la retórica incendiaria de los líderes políticos aumenta la probabilidad de que se produzca violencia en el mundo real.
El debate cobró mayor urgencia después de que un hombre armado con una pistola fuera abatido a tiros por agentes del Servicio Secreto el sábado último por la noche cerca de un puesto de control de seguridad de la Casa Blanca, en Washington D. C. Un transeúnte también resultó herido en el tiroteo, pero se espera que sobreviva. Los investigadores identificaron al autor de los disparos como Nasire Best, de 21 años. Best, cuyos posibles motivos aún no están claros, tenía antecedentes penales y parecía tener problemas emocionales, según informaron los investigadores.
El incidente se produjo menos de un mes después de que otro hombre armado supuestamente intentara atravesar un control de seguridad durante la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca con la intención de atacar al presidente y a los miembros de su gabinete; al menos la tercera vez en dos años que un pistolero ataca a Trump. Los presidentes y la Casa Blanca han sido durante mucho tiempo blanco de personas motivadas por resentimientos políticos, inestabilidad personal o volatilidad emocional. Sin embargo, los expertos en retórica política y extremismo afirman que el lenguaje político cada vez más agresivo del país puede aumentar esta probabilidad, incluso en casos donde el perpetrador carece de un motivo ideológico.
“El tono de los líderes predice el comportamiento esperado”, afirmó Helio Fred García, profesor de Liderazgo en la Universidad de Nueva York y la Universidad de Columbia, autor de un libro sobre la retórica política de Trump. “Si se crean las condiciones para que el odio y la violencia sean más aceptables, la gente actuará en consecuencia. A veces serán los partidarios, a veces los opositores”. García afirmó que el discurso político estadounidense se ha vuelto cada vez más explosivo y que Trump continúa "inyectando este tono en el discurso público".
Trump afirman que los demócratas y los medios de comunicación culpan injustamente al presidente de la violencia política y pasan por alto la retórica corrosiva de sus oponentes políticos. En un comunicado, un portavoz de la Casa Blanca acusó a los demócratas de difamar a sus oponentes al tildarlos de nazis y fascistas, y a los medios de comunicación de culpar a Trump "por actos de violencia con los que no tuvo nada que ver". “Como superviviente de múltiples intentos de asesinato —y tras presenciar el asesinato de su querido amigo Charlie (Kirk) el año pasado— nadie comprende mejor los peligros de la violencia política que el presidente Trump”, declaró la portavoz de la Casa Blanca, Abigail Jackson, en un comunicado. “Por eso, toda la Administración ha condenado reiteradamente la violencia política, incluido el vicepresidente la semana pasada”.
Durante la campaña del 2024, los demócratas presentaron sistemáticamente a Trump no solo como un oponente político, sino como una amenaza existencial para la democracia estadounidense y un hombre con aspiraciones autoritarias. El partido advirtió de que un segundo mandato de Trump podría erosionar las normas constitucionales, instrumentalizar el poder federal y socavar futuras elecciones. “Esta retórica de odio, constante y violenta dirigida contra el presidente Trump día tras día durante 11 años ha contribuido a legitimar esta violencia y nos ha llevado a este oscuro momento”, dijo la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, tras el tiroteo durante la cena de corresponsales de la Casa Blanca.
Los críticos de Trump señalan su propio historial de discursos duros y agresivos. Su enfoque sin límites ha sido fundamental para su identidad política desde que incursionó en la política nacional estadounidense, y se ha intensificado durante su segundo mandato. Un análisis de The Washington Post reveló que el uso de lenguaje vulgar, insultos personales y retórica egocéntrica por parte de Trump han aumentado notablemente desde su primer mandato. El análisis también encontró que la cantidad de publicaciones vulgares o insultantes en redes sociales durante un período comparable prácticamente se triplicó.
Los críticos han señalado el ataque al Capitolio del 6 de enero del 2021 como el ejemplo más claro de retórica política incendiaria con consecuencias violentas en el mundo real. Trump presentó a sus oponentes demócratas como usurpadores ilegítimos e instó a sus seguidores a acudir a Washington el 6 de enero pasado para una concentración que, según ellos, sería "una locura". Antes de que la turba irrumpiera en el Capitolio, Trump animó a sus seguidores a "luchar con todas sus fuerzas" para impedir la certificación de la victoria de Joe Biden. Anteriormente, durante los mítines de campaña, Trump instó a sus seguidores a "dar una paliza" a los manifestantes y en una ocasión se ofreció a pagar los honorarios legales de sus seguidores si agredían a los manifestantes.
El viernes recién pasado, en un mitin en Suffern, Nueva York, Trump se burló de un hombre mientras la Policía lo escoltaba fuera del recinto ante una multitud que lo abucheaba. “No le hagan daño, no le hagan daño, no le hagan daño”, dijo el mandatario. “Lo hago por razones legales. Es muy importante decir: ‘No le hagan daño bajo ninguna circunstancia’. Y ahora puedo decir: ‘Soy inocente’”. Los aliados de Trump argumentan que las repetidas amenazas e intentos de asesinato contra el presidente han convertido al propio Trump en el principal objetivo del duro clima político que se vive en el país. En julio del 2024, un hombre armado abrió fuego durante un mitin cerca de Butler, Pensilvania, e hirió levemente a Trump en la oreja, mató a un asistente e hirió gravemente a otros dos antes de que francotiradores del Servicio Secreto abatieran al atacante.
En septiembre de ese año, un hombre instaló un puesto de francotirador en las afueras del campo de golf de Trump en West Palm Beach, Florida, y fue avistado por agentes del Servicio Secreto; en febrero último, el hombre fue condenado a cadena perpetua. Trump ha incorporado los intentos de asesinato a la mitología de su ascenso político, presentándolos no simplemente como actos violentos, sino como prueba de la extraordinaria importancia y trascendencia de su presidencia. Inmediatamente después del tiroteo durante la cena de corresponsales, relacionó la violencia con lo que él considera su papel en la historia.
“Cuando tienes influencia, te buscan. Cuando no la tienes, te dejan en paz”, dijo. En discursos y entrevistas, Trump ha comparado su supervivencia con momentos decisivos de la historia presidencial, invocando a líderes como Abraham Lincoln, John F. Kennedy y Ronald Reagan, quien sobrevivió a un intento de asesinato en 1981 frente al mismo hotel Washington Hilton donde un hombre armado supuestamente intentó atacar a Trump el mes pasado.
Poco después de regresar al cargo, Trump ordenó que se retirara un retrato de Barack Obama de un lugar destacado en el vestíbulo principal de la Casa Blanca. En su lugar, ahora cuelga una imagen de Butler, Pensilvania: Trump, con el rostro manchado de sangre tras el tiroteo, alzando el puño en señal de desafío.



