nutrición
¿Debemos comer más proteínas?
Las nuevas guías alimentarias, que emite Estados Unidos y rigen criterios a nivel internacional, enfatizan en incrementar el porcentaje de consumo de este tipo de nutrientes.
Las nuevas guías alimentarias estadounidenses indican un mayor consumo de proteínas. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)
Las nuevas guías nutricionales que se han emitido en Estados Unidos dan prioridad a los alimentos que proveen proteínas al organismo. Estas guías buscan reducir niveles de obesidad y diabetes en el mundo. Sin embargo, expertas guatemaltecas afirman que es necesario adaptarlas de acuerdo a la economía y las condiciones específicas de cada persona.
"Cada comida debe priorizar proteínas de alta calidad y densas en nutrientes, tanto de origen animal como vegetal, combinadas con grasas saludables de alimentos integrales como huevos, mariscos, carnes, lácteos enteros, frutos secos, semillas, aceitunas y aguacates", afirma realfood.gov, el sitio oficial de Estados Unidos, en el que se explican las nuevas guías alimentarias de la Academia Americana de la Diabetes, que cada cinco años emite nuevas directrices sobre alimentación.
El objetivo, según estas guías, es que, en promedio, los adultos consuman entre 1.2 y 1.6 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal (aproximadamente, entre 2.6 y 3.5 gramos por libra).
La nutrióloga clínica Alicia Avendaño señala que el incremento es notable. "Antes, la recomendación era del 30% y ahora está entre el 50% y el 60%. Es decir, de acuerdo con estos nuevos parámetros, más de la mitad de nuestra alimentación debería corresponder a proteínas", especifica. Asegura que la medida es técnicamente adecuada y tiene bases científicas que responden al incremento de la obesidad y de enfermedades como la diabetes y la hipertensión.
La nutrióloga Avendaño detalla que, en 1982, las guías emitidas por el Gobierno estadounidense fijaron la cantidad de proteínas necesarias en 30% del consumo total de nutrientes. Señala que, en la práctica, la mayoría de las personas empezó a consumir solo entre el 25% y el 30% de proteínas y que, aunque la instrucción era completar la alimentación con carbohidratos y otros alimentos, incluidos los vegetales, terminaron consumiendo un 70% de carbohidratos. "El resultado fue un alto grado de obesida", afirma.
Como señala la doctora Avendaño, las nuevas guías responden a una política del Gobierno estadounidense que busca reducir la obesidad. "Hicieron estudios y metanálisis que los llevaron a concluir que, si mantuviéramos un mayor consumo de proteínas, tendríamos menos obesidad y menos enfermedades cardiovasculares, hipertensión y diabetes", explica la nutrióloga.
Las cifras en Guatemala
Aunque la realidad económica de Estados Unidos difiere mucho de la guatemalteca y en el país miles de personas padecen desnutrición, los problemas relacionados con estas enfermedades también son evidentes.
La Encuesta de Vigilancia de Salud y Nutrición (SIVESNU 2022-2023), dirigida por la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SESAN), evaluó a hombres de 18 a 69 años y mujeres de 18 a 65 años y concluyó que, en la población adulta guatemalteca, el sobrepeso afecta a 40% de los hombres y a 37% de las mujeres, mientras que la obesidad alcanza a 20% de los hombres y a 34% de las mujeres. En conjunto, el exceso de peso llega a 60% de los hombres y a 71% de las mujeres. La prevalencia es directamente proporcional al nivel socioeconómico y mayor entre las mujeres que viven en áreas urbanas.
Además, la encuesta evidencia que más de la mitad de los adultos presenta alteraciones de la presión arterial. Si se toman en cuenta la prehipertensión y la hipertensión, dos terceras partes de los hombres y seis de cada diez mujeres están afectados. La hipertensión (grados 1 y 2) alcanza a 58% de los hombres y a 51% de las mujeres.
El estudio también presenta cifras sobre la diabetes, que afecta a 11% de los adultos (12% en mujeres y 9% en hombres). Además, 7% presenta prediabetes. Aunque 68% de las personas con diabetes conoce su diagnóstico y 47% recibe tratamiento, solo 16% logra un control adecuado de la glucemia.
La tercera parte de la población (33%) tiene resistencia a la insulina y prácticamente la mitad (50%) padece síndrome metabólico. El índice de hígado graso afecta a 51% de los adultos. En el perfil lipídico, 25% presenta colesterol total elevado; 20%, colesterol LDL elevado; 82%, colesterol HDL bajo, y 61%, triglicéridos altos.
Ante este panorama, resulta evidente que se requieren cambios en los hábitos alimentarios. Sin embargo, Avendaño advierte que las recomendaciones alimentarias pueden ser apropiadas "en papel", pero requieren tomar en cuenta otros factores que han contribuido al incremento de estas enfermedades. Por ejemplo, menciona el sedentarismo.
La función de las proteínas
La nutricionista Belén Girón explica que "las proteínas corresponden al grupo de los macronutrientes esenciales, ya que cumplen funciones estructurales y metabólicas en el organismo. Están formadas por pequeñas partículas llamadas aminoácidos, que son necesarios para la síntesis y reparación de tejidos, además del mantenimiento de la masa muscular". Además, enfatiza Girón, las proteínas contribuyen al mantenimiento del sistema inmunológico, por lo que ayudan a prevenir determinadas enfermedades.
Avendaño señala que una persona sana, con un nivel adecuado de actividad física y buen funcionamiento renal, puede beneficiarse de un mayor consumo de proteínas. "Este alto porcentaje de proteínas hace que nuestro cuerpo esté mejor nutrido, tenga más aminoácidos y proteína circulante y, por lo tanto, la regeneración de tejidos sea mayor", añade.
Las proteínas están presentes en alimentos de origen animal como la carne, el pescado, el pollo, los huevos, la leche y los lácteos. También se encuentran en leguminosas como frijoles, lentejas y garbanzos; cereales como quinua, amaranto, avena, arroz integral y trigo sarraceno; frutos secos como almendras, nueces y pistachos; semillas de chía, sésamo, linaza, calabaza y girasol, así como en verduras y hortalizas como espinaca, brócoli, alverjas y col rizada.
"Hay una función llamada biodisponibilidad, que es la capacidad que tiene el cuerpo humano para transformar la proteína en nutrientes. Cuando es de origen animal, tenemos una absorción del 90%. Si es de origen vegetal, la absorción disminuye al 60%", explica Avendaño.
"Cuando consumimos alimentos de origen animal, esa proteína hace que las estructuras de nuestro cuerpo estén en mejor estado de salud: mejores niveles de regeneración y vitalidad. Vamos a tener más carritos acarreadores para construir hierro, hemoglobina, músculo, hueso, densidad ósea y una mejor composición sanguínea, con más leucocitos y glóbulos rojos", agrega la nutricionista.
La nutrióloga expone que la biodisponibilidad de la proteína en las fuentes animales también guarda relación con las prácticas de conservación y cocción de los alimentos. Por ello, considera necesaria la educación alimentaria.
Los "detalles" que faltan
Tanto Avendaño como Girón explican que el aumento del consumo de proteínas en la dieta es, en general, positivo. Sin embargo, ambas profesionales subrayan la necesidad de tomar en cuenta el contexto local y las condiciones particulares de cada persona. Además, consideran necesario ofrecer a la población educación nutricional que facilite mejorar sus hábitos alimentarios.
Avendaño hace énfasis en las condiciones económicas de la mayor parte de la población. "En Guatemala tenemos excelentes productos cárnicos de producción local. Sin embargo, para la mayor parte de la población es difícil adquirirlos. Costaba llegar al 15% o al 20% y, si se busca carne de buena calidad, los precios se incrementan", detalla.
Las profesionales destacan la necesidad de tomar en cuenta que la proteína de origen animal no solo está presente en la carne, el pollo o el pescado. Señalan que opciones más económicas, como los huevos y los derivados de la leche, además de algunas proteínas de origen vegetal, pueden ayudar a alcanzar las recomendaciones nutricionales.
La nutrióloga expone que la biodisponibilidad de la proteína en las fuentes animales también guarda relación con las prácticas de conservación y cocción de los alimentos. Por ello, considera necesaria la educación alimentaria.
Los "detalles" que faltan
Tanto Avendaño como Girón explican que el aumento del consumo de proteínas en la dieta es, en general, positivo. Sin embargo, ambas profesionales subrayan la necesidad de tomar en cuenta el contexto local y las condiciones particulares de cada persona. Además, consideran necesario ofrecer a la población educación nutricional que facilite mejorar sus hábitos alimentarios.
Avendaño hace énfasis en las condiciones económicas de la mayor parte de la población. "En Guatemala tenemos excelentes productos cárnicos de producción local. Sin embargo, para la mayor parte de la población es difícil adquirirlos. Costaba llegar al 15% o al 20% y, si se busca carne de buena calidad, los precios se incrementan", detalla.
Las profesionales destacan la necesidad de tomar en cuenta que la proteína de origen animal no solo está presente en la carne, el pollo o el pescado. Señalan que opciones más económicas, como los huevos y los derivados de la leche, además de algunas proteínas de origen vegetal, pueden ayudar a alcanzar las recomendaciones nutricionales.

Admite que las dietas altas en proteínas pueden favorecer la saciedad y ayudar a mantener la masa muscular. Sin embargo, eliminar grupos completos de alimentos puede disminuir la calidad nutricional de la dieta y reducir el aporte de fibra y micronutrientes.
El mito del colesterol
Durante décadas se difundió la idea de que los huevos y los lácteos provocaban niveles elevados de colesterol "malo". Sin embargo, Avendaño refiere que, desde la década de 1980, los estudios desmintieron esa creencia.
"El consumo de proteínas de origen animal no produce arterioesclerosis ni ateromas en las arterias. Son nuestro estilo de vida, la producción endógena de colesterol —porque existe el hipercolesterolemia familiar— y el consumo de grasas saturadas los factores que llegan a afectar la salud".







