Editorial

NOTAS DE Editorial

La aprobación precipitada y sin permitir discusión alguna en primera lectura de esta reforma chapucera, antojadiza y oportunista deja entrever cierta desesperación ante el inminente proceso electoral y las presiones de alcaldes que acudieron oficiosamente a dramatizar presión para que fuera aprobado el presupuesto desfinanciado de 2023.
Mientras tanto todo el mundo paga el costo humanitario y económico de una guerra inútil que ni su impulsor puede darse ya el lujo de alargar y que no puede ganar en el corto plazo. Rusia deberá sentarse a la mesa.
El cuestionamiento radica en que a dos años, 10 meses y un día de su inicio, el Gobierno ha asumido la táctica de discursos con más ofrecimiento en lugar de presentar los resultados concretos o admitir los fracasos en áreas prioritarias del desarrollo.
No basta con trazar paquetes de ayuda alimentaria con fines electoreros, sino identificar tendencias alternativas de demanda de productos adecuados para las condiciones geográficas y climáticas del país.
Muchas comodidades y servicios de la época contemporánea serían impensables sin la existencia de una banca moderna y en constante innovación.
Los republicanos ganan espacios importantes y aún pueden llegar a dominar ambas cámaras, con lo cual podrían poner en dificultades al Ejecutivo, al que señalan de no saber lidiar con la crisis económica producto de la inflación y de manejar mal el tema de migración, crucial para muchos ciudadanos, incluyendo a una buena proporción de hispanos residentes legales.
Hasta un borracho votó por el deficitario, irresponsable y clientelar presupuesto del 2023, aunque en realidad los 114 diputados que se coaligaron para aprobarlo estaban completamente embriagados de soberbia, ambiciones electoreras e incluso de una engañosa sensación de impunidad.
El TSE puede ahorrar mucho dinero de los contribuyentes al desistir de este despropósito, cuyo costo supera el presupuesto inicialmente estimado, en un país plagado de necesidades.
Sostener partidos transgresores no es la función del TSE y aún está a tiempo de ponerse al día.
A 432 días del final de este gobierno y a 78 días de la convocatoria a comicios  generales, todo uso extemporáneo, clientelar o   electorero  comienza a pesar en sentido inversamente proporcional a lo que se quiera vender, sobre todo si se toma en cuenta que una de las promesas de campaña  de Vamos fue “cero baches a nivel nacional en los primeros seis meses de gobierno”. Y van 33.
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