Editorial
NOTAS DE Editorial
La corrupción en los países no solo es una amenaza para el avance social, la gobernanza, la mejora educativa, la optimización de infraestructura y el crecimiento económico: también es una amenaza para la seguridad regional y hemisférica.
Guatemaltecos, no es normal que se produzcan, literalmente, cientos de muertes de mujeres, de todas edades y condiciones sociales, sin que la sociedad eleve su voz de repudio.
Quizá suena como a la pérdida de un momento emotivo muy esperado, pero son esos los sacrificios que vale la pena hacer en nombre de la solidaridad, o si se quiere ver con un lente cristiano, inspirados en un espíritu de amor al prójimo.
El componente de vulnerabilidad climática debe formar parte de los planes de administración nacional y municipal, con un abordaje de prevención que resulta impostergable.
Algunos congresistas se han olvidado de sus ofrecimientos de campaña, cuando ni siquiera esperaban ser electos -o reelectos-.
El Estado por sí solo no puede eliminar un problema que depende del sano ejercicio de la libertad y de la plena conciencia de las obligaciones que rigen a quienes hacen uso de la vía pública para desplazarse.
Las comunidades guatemaltecas en EE. UU. no tienen la cohesión y organización que sí han conseguido otras de El Salvador, Venezuela o Nicaragua. No obstante, son un motor económico importante a través del envío de remesas.
La carrera por lograr contar con dosis suficientes de la vacuna conlleva la disponibilidad del producto, la capacidad económica para su compra, la posibilidad de almacenamiento bajo congelación y la infraestructura sanitaria para agilizar la administración de las dos dosis.
Es una lección de valentía, perseverancia y fe la que brindan lugares de hospedaje, parques, turicentros y pequeños restaurantes de provincia que luchan por seguir abiertos.
Hay incontables colegios, coloquialmente llamados “de garaje”, en los cuales se dan dos brochazos de inglés para principiantes, que apenas distan de lo que se recibe en preprimaria y primaria, solo para salvar las apariencias, sin certificación ni supervisión real.