Editorial

NOTAS DE Editorial

Es el momento para que los guatemaltecos demuestren al mundo su valor, su fortaleza y sobre todo su increíble capacidad de volver a levantarse tras la adversidad.
Es necesario que el Estado desarrolle cuadros económicos prospectivos para analizar opciones de apoyo a las comunidades.
El cristianismo manda amar al prójimo como a sí mismo y quizá esta sea la oportunidad de cuidarse y cuidar a otros mediante la prudencia, la paciencia y la oración, tan necesaria en estos tiempos.
Apertrecharse de unos cuantos abarrotes de manera arrebatada no es una medida inteligente ni responsable, ni siquiera necesaria, ante la confirmación del primer caso de covid-19 en el país, puesto que tal acción impulsiva puede llegar a ocasionar un efecto colectivo y a la vez desencadenar una psicosis que sería totalmente inútil, contraproducente e incluso peligrosa, por lo cual el primer llamado a cada ciudadano es: mantener una actitud de serenidad, prudencia y amor al prójimo, valores que forman parte de los principios cristianos que profesa la gran mayoría de guatemaltecos y que deben traducirse en actitudes concretas.
En medio de la alerta declarada por el covid-19, del cual aún no hay casos confirmados en el país, es necesario mantener la atención sobre importantes procesos que siguen su marcha en el país, como la inminente elección de magistrados del próximo Tribunal Supremo Electoral, en el Congreso de la República, cuyos aspirantes expusieron ayer sus planes de trabajo en una audiencia pública a la cual, paradójicamente, llegaron muy pocos diputados, en una actitud que exhibe una mezcla de desidia, mala educación y agendas prefabricadas.
Totalmente reprobable fue la difusión por redes sociales, ayer, de ambiguos videos que solo buscan crear psicosis acerca de supuestas compras compulsivas de ciertos artículos. Es lamentable que haya quienes se presten a difundir tales mensajes, grabados en locales de Panamá pero con la clara intención de confundir y dar la falsa impresión de que tales acciones ocurren en territorio nacional, para inducir perversamente un ambiente de zozobra.
Cuando la ley misma favorece a la mediocridad es una señal de alarma inconfundible e insoslayable sobre la necesidad de revisar las normas que rigen cualquier rama del servicio público, sobre todo si se trata de la contratación de las personas encargadas de la formación escolar de miles de niños, de preprimaria y primaria. El entorno de creciente competencia global por la innovación y mejoras en el desarrollo humano requiere de destrezas matemáticas, habilidades comunicativas, manejo de conceptos complejos y pensamiento abstracto. La pregunta es ¿de quién lo aprenderán los alumnos?
Es importante que la ciudadanía siga las indicaciones de las autoridades de Salud en favor de toda precaución.
En el país existen múltiples necesidades y precariedades, pero entre ellas el actual gobierno puede priorizar un objetivo estratégico: la reinvención, reglamentación y ordenamiento del sistema de servicio civil, un desafío cuya consecución puede llegar a constituir un legado para la historia democrática. Crear normas claras, transparentes y objetivos de evaluación para todo empleado público ha sido un requerimiento relegado por todos los gobiernos, ya sea por incapacidad, desidia o, peor aún, la conveniencia de prolongar mecanismos clientelares de contratación que multiplican plazas para allegados de campaña, pero no por una necesidad real sino para pagar deudas de financiamiento electoral que llegan a ser lesivas para el erario.
Todavía quedan mentes retrógradas para las cuales la mujer está detrás, debajo, sometida al hombre, un pensamiento que no solo es rebatible, sino totalmente absurdo y hasta deleznable a la luz de los enormes aportes en ciencia, política, artes, industria, comercio, creatividad e incluso en la vida cotidiana, generados por las mujeres a lo largo de la historia. Todos los prejuicios y conceptos discriminatorios hacia cualquier mujer tienen un error de principio: de ellas proviene la vida, su gestación y alumbramiento, por lo cual, no solo es insensato, sino ilógico querer restar importancia a su papel en el desarrollo de la humanidad, la transmisión de la cultura y la continuidad de los grandes valores que sostienen la civilización.