Hay que hablar con niños y adolescentes para prevenir abusos sexuales de maestros

Padres o encargados de niños y adolescentes deben conversar con ellos para evitar que sean abusados sexualmente por maestro

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Niños y adolescentes pueden estar en riesgo de que sus maestros abusen sexualmente de ellos, así que los padres deben hablar con ellos para prevenirlo. (Ilustración: Prensa Libre, Alejandro Sosa)
Niños y adolescentes pueden estar en riesgo de que sus maestros abusen sexualmente de ellos, así que los padres deben hablar con ellos para prevenirlo. (Ilustración: Prensa Libre, Alejandro Sosa)

Marina* tiene 12 años y dejó de ser la niña alegre, jovial y extrovertida que todos conocían, después de que su maestro de sexto grado de primaria lograra convencerla de quedarse después del horario de clases para estar a solas con ella. Su pretexto era que debía mejorar su rendimiento en matemáticas, y se ofreció a ayudarla. Ella aceptó con desgano.

Sin embargo, en los 45 minutos que duraba la “tutoría” lo menos que hacía él era hablar de la materia escolar, sino que la persuadía con palabras dulces de dejarse abusar sexualmente por él, y el premio sería no perder la clase. Ahí comenzó su martirio del que sus padres no sospechaban, pese a las señales, pues la niña ni siquiera pensaba en hablarles al respecto, al temer que no le creyeran.

Historias como estas se repiten de manera constante en Guatemala, por lo que los padres deben hablar con sus hijos del riesgo que corren de ser abusados sexualmente, para prevenirlo. Según datos proporcionados por el Ministerio Público (MP), 12 mil 413 denuncias de delito de violencia sexual contra niñez y adolescencia se registraron en todo el país en el 2020 —cinco mil 569— y en el 2021 —seis mil 844—.

En Guatemala, Alta Verapaz y Huehuetenango se reportaron las cifras más altas. Las personas sindicadas por ese delito fueron dos mil 478 en el 2020 y dos mil 880 en el 2021. En el 2020 fueron detenidos y sindicados 16 maestros por delitos de violencia sexual contra niñez y adolescencia y 14 en el 2021. Del 1 de enero al 27 de junio de este año, han sido denunciados siete maestros por ese delito; tres mil 273 niños y adolescentes en todo el país han sido violentados de forma sexual y 422 personas han sido sindicadas.

 

Del 1 de marzo del 2015 al 31 de diciembre del 2020, el MP recibió 977 denuncias contra maestros por agresión sexual, violación, agresión sexual con agravación de la pena y maltrato contra menores de edad.

De acuerdo con datos estadísticos del Instituto Nacional de Ciencias Forenses de Guatemala, se realizaron siete mil 983 reconocimientos médicos por delito sexual en el 2021 en el país, de los cuales dos mil 680 —33.6%— en niñas de 10 a 14 años, la cifra más alta del registro, y mil 767 en adolescentes de 15 a 19 años —22.13%—.

Según datos del Ministerio de Salud, la tasa de abuso sexual en niños, niñas y adolescentes fue de 8.5 por cada cien mil habitantes para el 2021 y es la primera causa de consulta por violencia infantil. Veinte de cada cien mil niñas y adolescentes acuden a los servicios de salud por abuso sexual. Las mujeres sufren abuso sexual 10 veces más que los hombres. El grupo más vulnerable son niñas y adolescentes de 10 a 14 años, con 44% de los casos.

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Los delitos en contra de la niñez y mujeres son los más denunciados en el Sistema de Justicia de Guatemala, según el MP. En el 2021, el 40% de las denuncias que ingresaron afectaron a estos grupos en condición de vulnerabilidad. En el 2021, el tercer delito contra la mujer y niñez es la violación sexual, que representa el 10% de los delitos más denunciados.

Este panorama es aún más preocupante cuando el agresor es un maestro o maestra, figuras en la que el niño o adolescente confía, circunstancia que es aprovechada por el abusador.

¿Por qué ocurre?

Se les llama paidofílicos a las personas que tienen placer al realizar un acto sexual o erotizarse con un menor, expone el psicólogo Antonio Rivera, coordinador del Grupo de Psicólogos, Consejeros y Motivadores de Guatemala. El paidófilo siente la necesidad de realizar toda su actividad en torno a los niños. Con adultos de su edad no siente placer, así que busca la fuente de su satisfacción. Generalmente, los paidofílicos eligen la profesión ideal que les permita estar cerca de niños para lograr cometer sus fines.

“No hay un solo perfil del abusador, pero, regularmente, le complace someter bajo poder a su víctima. Puede ser que aquel fue abusado en su niñez y por eso repita un patrón que significó trauma”, indica el psicólogo y educador emocional Estuardo del Águila.

  • 2 mil 413 denuncias de delito de violencia sexual contra niñez y adolescencia se registraron en el 2020 y 2021 en el Ministerio Público. En lo que va del 2022, tres mil 273.

“Vivimos en sociedades patriarcales de carácter universal, donde los hombres han crecido con la certeza de que a las mujeres, niños y niñas, y lo que ellos consideren de segunda categoría, pueden tocarlos, usarlos y aprovecharse de ellos”, dice la psicóloga Sonia Recinos, con maestría en Estudios de la Mujer y especializada en Tratamiento de Víctimas de Abuso Sexual.

“En el ámbito de docencia, el abusador se cree dominante en una relación de poder y piensa: En el grupo de chicos y chicas, como docente, se hace lo que yo diga y quien decide soy yo. Si mi alumno quiere pasar la clase o quiere ganar el grado, tiene que hacer lo que yo diga o lo repruebo”, señala Otto Rivera, secretario de la Coordinadora Institucional de Promoción por los Derechos de la Niñez.

¿Cuándo sospechar?

Es importante que los padres identifiquen las intenciones reales de los adultos del entorno estudiantil de sus hijos. “Cuando es muy insistente el adulto por querer estar cerca al niño, se deben preguntar: ¿Cuál es el motivo del interés?”, dice el psicólogo Rivera.

“Es una tarea muy difícil, debido a que el adulto que se involucra con el niño no se expresa de forma explícita, sino que insinúa; no propone, sino manipula. Además, seduce y tiene métodos para encantar al niño como jugar con él, darle regalos, halagarlo y ganarse su confianza y cariño”, añade.

El abusador hace creer al niño que tocarlo, acariciarlo, abrazarlo y desnudarse es un juego o un ritual que los unirá más en su “amistad”, señala. Si el niño se opone, el abusador atenúa la culpa al indicarle que es parte del proceso de crecimiento y le mentirá sobre que de esa manera se comportan las personas que se quieren. Rara vez el abusador de niños usa la fuerza o los obliga, sino los adula, utiliza los mecanismos indicados y los convence de que no digan nada a nadie porque “es un secreto de ambos”.

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Es difícil identificarlo físicamente, pues muchos de ellos son encantadores y pasan desapercibidos. Son amables y cordiales, no denotan una actitud hostil y son discretos.

Algunos indicadores pueden ser la insistencia de un maestro o maestra de estar a solas con niños y niñas, inventar cualquier excusa para lograrlo, preferir socializar con menores de edad y no con adultos, y demostrarles afecto de manera excesiva, injustificada e inoportuna, señala Liliana Guzmán, abogada de la Procuraduría de la Niñez y Adolescencia de la Procuraduría General de la Nación.

La mayoría de los abusadores y violadores sexuales son personas que al valerse de su cercanía, confianza y autoridad moral sobre el niño, la niña o adolescente, lo induce, normalmente con engaño, a realizar o dejarse realizar actividades dirigidas a su satisfacción sexual. Ellos saben muy bien elegir a su víctima, al aprovecharse de su figura de autoridad, de la confianza previa depositada en él, de su indefensión o de ambos, indica el texto Cómo prevenir el abuso sexual contra nuestros hijos e hijas. Guía de padres, de Unicef (2017). “Si el abusador es una persona valorada socialmente como el maestro, los menores callan porque temen que en su familia nadie les crea”, se añade en el texto. “Niegan la realidad y el cuerpo manifiesta lo que ellos callan y enferman física y psíquicamente”, se indica.

Los embarazos tempranos son una de las consecuencias del abuso sexual en menores. Según datos del Observatorio en Salud Reproductiva, en el 2021 se registraron 72 mil 77 nacimientos en niñas y adolescentes de 10 a 19 años. Las niñas con mayor riesgo de abuso sexual son las que se encuentran en la etapa prepuberal: 10 a 12 años.

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¿Cómo prevenir el abuso?

Los padres deben explicarle a sus hijos que nadie puede tocar ciertas partes de su cuerpo, porque son íntimas, mediante imágenes o videos de acuerdo a su edad, para que puedan comprenderlo, refiere Guzmán, y enseñarles la forma adecuada de denominarlas. Así mismo, explicarles que nadie debe pedirles tocar las partes íntimas de otra persona y no permitir que alguien les tome fotografías de estas áreas corporales.

Se les debe instruir de que hay personas que pueden abusar de ellos. Es importante nunca propiciar una actividad que permita que el maestro o maestra se quede a solas con el menor, añade Antonio Rivera.

Deben ser firmes al decir “no” en situaciones en las que no se está a gusto y recordarles que no deben ser forzados, sin importar quien sea, y alejarse. dice Guzmán. Asimismo, hay secretos agradables y secretos incómodos, que le hacen daño, como cuando alguien le toca su cuerpo a escondidas, los cuales no debe guardar y tiene que contarlos inmediatamente a sus padres. Utilizar palabras o códigos clave con los que los niños comuniquen que se sienten inseguros. Explicarles que no deben aceptar favores ni regalos.

Aunque las leyes que rigen en el país se han fortalecido, estas no detienen el problema, porque preferencias sexuales siempre van a manifestarse en el ser humano, que accionará de acuerdo con ellas. Lo ideal sería encaminar un gran proyecto de salud mental y emocional a nivel nacional en donde se incluya este aspecto de la sexualidad humana. La solución va encaminada a que el agresor modifique su esquema mental y emocional relacionado con el concepto de preferir niños, señala Antonio Rivera.

Mediante el Registro Nacional de Agresores Sexuales (Renas) también se puede identificar a abusadores de niños, pues hay maestros que son acosadores y en ese registro aparecen, pero continúan trabajando como maestros, refiere Guzmán. “De las personas a las que no se les emitió el certificado del Renas, por tener procedimiento judicial pendiente, 70% eran docentes”, indica Otto Rivera. “Al profesor con caso abierto de violencia sexual se le retira del aula, pero dentro de la misma escuela; no hay sanción severa y sigue teniendo contacto con niños y adolescentes”, expone.

Hay que fortalecer a los menores para que denuncien si el abusador les insinúa algo o invade su sexualidad. “La mejor estrategia de prevención es eliminar el tabú de hablar de sexualidad dentro de los hogares, desde un enfoque de educación y prevención, a fin de motivar a los niños, niñas y adolescentes que rompan el silencio cuando sean vulnerados sexualmente por un adulto”, dice Del Águila.

  • 37 maestros fueron detenidos y sindicados por delito de violencia sexual contra niños y adolescentes en el 2020 (16), 2021 (14) y hasta junio de este año, siete, según el MP.

Guzmán expone la necesidad de realizar campañas masivas dirigidas a niños y niñas, personal docente y administrativo de escuelas y colegios, así como padres, e incluir un curso sobre educación sexual integral a la niñez, a fin de brindarles herramientas para identificar las señales de riesgo.

Tenemos que hablar del cuerpo y de la sexualidad, pero cuando lo hacemos, usualmente, llegamos tarde. El niño o niña ya ha recibido información distorsionada de sus iguales o ya ha experimentado situaciones abusivas. Hay infinidad de videos e historias al respecto que los padres pueden encontrar en sitios web fiables, de entidades que se dedican al cuidado de la niñez”, expone Recinos. “No les haremos daño por hablar claramente de sexualidad y de los comportamientos que son abusivos”. añade.

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“En Guatemala, es complejo romper estereotipos y tabúes. Cuando los niños comienzan a hacer preguntas sobre su sexualidad, les inventamos cualquier fantasía que les genera más curiosidad, como que a los bebés los trae la cigüeña”, dice Otto Rivera.

“En países como Costa Rica las guías sexuales aprobadas para uso escolar han dado gran resultado. Países como Guatemala no permiten que la escuela se involucre en la educación de un tema tan importante. Se prefiere dejar el abordaje a los padres, cuando es en el núcleo de la familia donde más se perpetran este tipo de delitos. Los padres no hablan del tema por miedo o ignorancia y no permiten que lo haga la escuela porque sistemas alienantes y retrógrados insisten en que esa no es tarea de la institución. Ese es el caldo de cultivo para que el abuso tenga los alcances que tiene en países como el nuestro”, dice Recinos.

Se pueden realizar denuncias anónimas por abuso sexual de niños y adolescentes a la PNC, teléfono, 100; Ministerio Público, 2411-9191; PGN, 2414-8787, y Procuraduría de los Derechos Humanos, 1555.

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*Nombre y caso ficticio

Señales sobre abuso sexual en niños y adolescentes

Niños, niñas y adolescentes que son o han sido víctimas de abuso sexual pueden manifestar estas conductas y molestias físicas, según expertos:

  • Pesadillas intensas y problemas para dormir sin explicación.
  • Aumento o falta de apetito.
  • Cambios repentinos de humor.
  • Miedo inusual a ciertas personas o lugares.
  • Negación de hablar de secretos que tiene con un adulto.
  • Rechazo a actividades cotidianas o juegos que antes realizaba con regularidad, o está distraído.
  • Dibuja y/o juega con imágenes sexuales.
  • Recibe dinero o regalos sin razón.
  • Muestra comportamientos, lenguaje o conocimientos sexuales parecidos a los de los adultos.
  • Cambio en las interacciones sociales: puede aumentar la desconfianza, el aislamiento o evitación social, o mostrar mayor apego o dependencia de personas de confianza.
  • Dolor, sangrado y trauma físico en los genitales.
  • Infecciones vaginales o enfermedades de transmisión sexual.
  • Dolor persistente o recurrente al orinar o defecar.
  • Dificultad para tragar.
  • Respuestas conductuales que reflejan una extrema vigilancia o estado de alerta, al prestar atención a los estímulos externos.
  • Bajo rendimiento académico, dificultades en atención, concentración y memoria. No quiere asistir a clases.
  • Llanto constante y vergüenza.
  • Hiperactividad para olvidar o atenuar la situación vivida.
  • Enojo, frustración y retraimiento.
  • Depresión, ansiedad o tristeza.