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Guatemala, 20 de julio de 2008

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EDITORIAL

Los modernos hombre-daga

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Son profesionales del crimen y, de hecho, deben su nombre a un antiguo vocablo surgido en pleno auge del Imperio Romano, cuando ya se hacía necesario pagar a alguien para desaparecer a otro que les tenía alguna deuda pendiente o sencillamente porque se le consideraba como un obstáculo en el camino y, entonces, simplemente se contrataba a un sicario.

La etimología de este término proviene del latín sicarius, o sea, alguien que usa daga —cuchillo o navaja—, y en general se ha aplicado como sinónimo de asesino o matón por encargo, a cambio de una paga. Por eso mismo, en el Derecho romano surgió la figura legal lex Cornelia de sicariis et veneficis, o ley cornelia sobre apuñaladores y envenenadores, promulgada 80 años antes de la era cristiana.

El término ha perdurado a lo largo de la historia, pero de aquellos hombres que portaban pequeñas dagas o cuchillos poco queda y, hoy, los modernos matones ya no necesitan andar ocultando esos artilugios que, por el contrario, ahora son difíciles de esconder, sino que tampoco les interesa, pues sus actos los cometen a plena luz del día o de la noche, con o sin testigos, pues viven y actúan bajo el amparo de la impunidad.

La esencia del vocablo ha cobrado una indeseable y creciente relevancia en las últimas semanas, pues es cuando más han recrudecido los asesinatos de pilotos de autobuses, comerciantes y ciudadanos, que no han encontrado otra forma de solventar las demandas de sus enemigos que pagando con su vida.

La semana que terminó ayer ha representado otro doloroso testimonio de esa implacable violencia que ha cegado muchas vidas a manos de matones a sueldo. El lunes, fue brutalmente asesinado el auxiliar fiscal Juan Carlos Martínez, en Jutiapa, quien colaboraba en las investigaciones contra mareros involucrados en la muerte de cuatro policías en la cárcel de El Boquerón, quienes a su vez estaban sindicados de haber participado en la muerte de tres parlamentarios salvadoreños y su piloto, en febrero del 2007.

A la noche siguiente, era vilmente asesinado Mario Calderón, decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos, a manos de dos pistoleros. La danza de la muerte siguió su ritmo mortal el miércoles, cuando otro grupo de asesinos le causó la muerte a cinco personas, en Puerto Barrios. El resto de la semana continuaron cayendo víctimas de las balas sicarias.

En apenas 72 horas, el baño de sangre nos recordaba lo frágil que se ha vuelto la vida en este país que, al parecer, tendrá que poner todavía muchas víctimas más, antes de que pueda vislumbrarse una luz en la larga noche de dolor y luto, y en tanto las autoridades recobran la compostura y pueden brindar la seguridad más elemental que la ciudadanía necesita.

También es cierto que la ineficiencia de los órganos encargados de la seguridad y la justicia fomentan la impunidad, que se ha convertido en la mejor garantía para la proliferación de estos asesinos a sueldo, que han sembrado el terror en el país con sus múltiples asesinatos, y no se vislumbra de parte de las autoridades respectivas la formación de un poder capaz de frenar esta ola de crímenes.

Frases del día

“Ya he solicitado la presencia de la Policía al comisario en Cobán y al mismo Ministerio de Gobernación, pero me piden que les dé un inmueble, y yo no tengo fondos ni para las instalaciones de la alcaldía”.
ÓSCAR CORLETO RIVERA,Alcalde de Raxruhá
con relación a la ausencia de la PNC.
“Los judiciales se hacían pasar por sepultureros, y nos decían que si les dábamos nuestros datos, nos ayudarían a encontrar el cuerpo; así conseguían saber dónde vivíamos y quiénes éramos”.
BLANCA DE HERNÁNDEZ,Familiar de personas desaparecidas durante el conflicto armado.

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