Guatemala, 6 de mayo de 2008

DE MIS NOTASLa lógica de las concesionesAlfred Kaltschmitt

HOMO ECONOMICUSUn caballo de TroyaJosé Raúl González Merlo

MIRADOREn lo profundo del abismoPedro Trujillo

PUNTO DE ENCUENTRO¿Con qué?Marielos Monzón

WACHIK’AJMás debate petroleroMartín Rodríguez

SIEMBRAEl mundo al revésCarlos Enrique Zúñiga Fumagalli
EDITORIAL
Las predicciones de muchos de los analistas políticos continentales y bolivianos se cumplieron y, el domingo último, el 85 por ciento de los habitantes de Santa Cruz, el más rico departamento de Bolivia —ese enorme y muy agitado país sudamericano—, votó a favor del estatuto de autonomía. Esto pone en el tapete de la discusión hemisférica el tema de la división geográfico-social-político-económica de determinadas áreas de los países latinoamericanos, además de la preocupación por el futuro de la nación donde los votantes se pronunciaron y con ello abrieron la puerta a una crisis que ya muy pocos niegan.
El caso boliviano, por fuerza, debe tomar en cuenta el factor de la división étnica entre los grupos indígenas situados en el altiplano, con altos niveles de pobreza y de marginación, y los grupos mestizos, cuya fortaleza económica los convierte en los puntales de la economía de una de las naciones más pobres del subcontinente sudamericano. El Gobierno de Bolivia, por razones difíciles de comprender, señala que el resultado es un fracaso para los organizadores, pero es un hecho que le causa al presidente Evo Morales un problema bastante serio, porque su país se puede encontrar muy cerca de una división que, a todas luces, sería inconveniente, en especial porque sería absolutamente anacrónica.
Morales ha intentado imponer en Bolivia un gobierno socialista y pluricultural, según indican los santacruceños, quienes consideran que lo ocurrido es un ejercicio democrático que, por esa causa, debe ser obedecido por el gobernante. Como sea la interpretación del hecho, la realidad es que existe un alto riesgo de males como la paralización de ese país, o su atomización a causa de estatutos similares aprobados por otros departamentos.
Es muy pronto para prever lo que podrá pasar en el futuro cercano y mediato, pero ya se pueden plantear algunas reflexiones sobre el ejemplo de que lo ocurrido en Santa Cruz sea imitado en otros países latinoamericanos, donde son muy pocos los casos que carecen de intentos parecidos de autonomía o de disgregación. Los santacruceños, a causa de su fuerza económica, creen que es injusto que sobre sus hombros recaiga la carga de pagar impuestos para beneficiar al altiplano, que consideran lejano y ajeno —cultural y políticamente—.
Incluso en Bolivia, donde la inestabilidad política ha sido la norma en un altísimo porcentaje de su vida independiente, lo ocurrido el domingo no tiene precedente. La unidad del país debe ser mantenida, pero, para lograrla, la administración de Morales necesita actuar de manera distinta porque, por razones muy variadas, no ha podido realizar su tarea y, en la práctica, ha originado el afianzamiento de las divisiones internas, constantes y lamentables.
Al votar por la autonomía, Santa Cruz marcó el futuro de un continente donde el mestizaje y la convivencia con grupos autóctonos ha sido una característica común. Por eso, países como Guatemala deben observar el desarrollo de esos acontecimientos; algunas de las realidades bolivianas se parecen en demasía a las guatemaltecas.
“Existe una danza de millones de quetzales de difícil fiscalización. Hay que buscar otros medios para que se transparente y agilice la ejecución de programas a favor de la población”.MANUEL BALDIZÓN,Congresista
“Hace algunos años cocinaba con leña, pero los vecinos se quejaban del humo. Junto a mi esposo hicimos el esfuerzo de comprar una estufa de gas propano, pero con los precios actuales, vamos a tener que regresar al consumo de leña”.OLGA LÓPEZ MÉNDEZ,Vecina de Coatepeque
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