Guatemala, 8 de marzo de 2008

ALEPHLas niñas de GuatemalaCarolina Escobar Sarti

MACROSCOPIOComer oro negroHumberto Preti

EL QUINTO PATIOPara ti, en tu díaCarolina Vásquez Araya

UCHA´XIKSocios de la muerteSam Colop

COLABORACIÓNEfecto destructorJaime Francisco Arimany Ruiz

CON OJOS DE MUJER¡Achú, achú...!Marta Pilón
EDITORIAL
Cuando el resultado de una reunión es el mantenimiento de una paz, al menos en el sentido de ausencia de acciones bélicas, no se puede válidamente hablar de vencedores o vencidos. Todos ganan. Ese es el criterio que debe prevalecer al analizar lo ocurrido ayer en la XX reunión del Grupo de Río, en la República Dominicana, donde quedaron zanjadas las diferencias, tensiones, dimes y diretes ocurridos en los últimos días entre los presidentes Álvaro Uribe, de Colombia; Rafael Correa, de Ecuador, y Hugo Chávez, de Venezuela, y también, en cierto sentido, Daniel Ortega, de Nicaragua, al reanudar relaciones y dar por cancelado el enfrentamiento.
Lo ocurrido ayer demuestra que pueden tener importancia de primer orden las reuniones presidenciales de grupos de países, y que la diplomacia personal y directa entre mandatarios es una forma efectiva de evitar que las tensiones se conviertan en crisis, y éstas, en tragedias, con la pérdida de vidas humanas. Demostró, además, que la habilidad política, por un lado, y la serenidad y racionalidad son buenas consejeras.
La declaración de condena a la acción militar colombiana, firmada por la mayoría de presidentes, demostró también que la comunidad internacional está atenta a que se mantengan algunos principios fundamentales en la relación entre los países, como el de la inviolabilidad del territorio. Con ese documento, los presentes afirmaron que el hecho de que se pueda explicar el porqué de la acción colombiana, no se puede justificar en una comunidad de naciones donde reine la relación cordial.
Al analizar las actuaciones de los mandatarios, debe hacerse notar que el presidente Uribe dio una verdadera cátedra de cómo se pueden hacer críticas muy duras y explicaciones de temas muy complicados cuando se utiliza el buen decir, el discurso pausado y el respeto. Tampoco se puede dejar de mencionar que Chávez actuó de acuerdo con las circunstancias, al abandonar su retórica exaltada que le es común. Por su parte, el mandatario ecuatoriano, Correa, puso de su parte, al aceptar la solicitud de perdón de su colega colombiano, con lo cual se puede decir con seguridad que todos hablaron con madurez.
Como consecuencia de la reunión de ayer, es de esperarse que el problema causado por la existencia de los guerrilleros de las FARC sea analizado y resuelto desde la perspectiva del daño que le causa a la región, además de a la sociedad colombiana, que ha sufrido por demasiados años el accionar ilegal y, sobre todo, inmoral de gente en armas que ahora está muy cercanamente relacionada con el tráfico internacional de drogas.
Para continuar con una línea lógica de acción, los presidentes tienen la obligación moral de intervenir directamente en la liberación de los cientos de colombianos secuestrados por las FARC desde hace mucho tiempo y mantenidos en condiciones inhumanas. No hacerlo mancharía un suceso tan positivo como fue impedir que la sangre de ciudadanos latinoamericanos se regara en una crisis bélica que, realmente, no tenía sentido alguno.
“Con el compromiso de no agredir nunca más a un país hermano y el pedido de perdón (del presidente Álvaro Uribe), podemos dar por superado este gravísimo incidente (con Colombia)”.RAFAEL CORREAPresidente de Ecuador
“De un tono apasionado y vehemente (en las declaraciones de los presidentes de Colombia, Ecuador y Venezuela), hemos avanzado hacia la racionalidad y la construcción de escenarios posibles”.LEONEL FERNÁNDEZPresidente de República Dominicana
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