Guatemala, 8 de febrero de 2009

LA BUENA NOTICA Salud y feMario Alberto Molina

SENTIDO COMÚNNo damos pie con bolaManuel F. Ayau Cordón

ESCENARIO DE VIDAUn topadísimo gobernadorVida Amor de Paz

TIEMPO Y DESTINOHacia un moderno enfoque económicoLuis Morales Chúa
EDITORIAL
Es un tipo regordete, con un peinado casi hitleriano; bien se le puede describir como uno de esos jefes de policía toscos, con un aire de rudeza recreado con frecuencia en el imaginario holliwoodense y una actitud de prepotencia que se proyecta con mayor fuerza hacia aquellos en mayor situación de indefensión, ya sea porque no le agraden, debido a sus prejuicios. Si por azar del destino a alguien le toca visitar su prisión, se encontrará con un auténtico infierno, y no con un centro de detención legal.
Para infortunio de algunos indocumentados, esa situación no tiene nada de peliculesco, y el escenario que algunas veces se convierte en una hirviente caldera se localiza en Maricopa, un poblado ubicado en las afueras de Phoenix, capital del estado de Arizona, inmersa en una zona desértica, donde el principal protagonistas es el comisario Joe Arpaio, quien tiene casi dos décadas de hacer de las suyas en la prisión a su cargo.
Este despótico jefe de policía ha cobrado notoriedad en los últimos días por los vejámenes a los que somete a los migrantes detenidos en su jurisdicción, lo cual riñe con los derechos fundamentales de todo ser humano. Su actitud no sería tan censurable si el rigor de su proceder se aplicara en contra de los peores asesinos y asaltantes, pero resulta que el objeto de su animadversión se ha centrado últimamente en los migrantes indocumentados que simplemente buscan un trabajo para sobrevivir y dar un futuro mejor a sus familias.
Desde hace varios meses, Arpaio se ha dedicado a construir carpas con cercas electrificadas, con el argumento de ahorrarle recursos al Estado en la construcción de edificios, pero a tales campos de concentración son enviados los indocumentados.
El comisario Arpaio se ha convertido en un nuevo ícono del racismo y la xenofobia, pues, amparándose en la ley, somete a seres humanos a un trato indigno, denigrante, y a un sufrimiento que exhala odio racial y otras aberraciones, pues ha llegado al extremo de dotar a los prisioneros de calzoncillos rosados.
Las enormes carpas son, de día, verdaderas trampas de calor, y de noche, endebles refugios, en donde los detenidos ven pasar los días casi sin ninguna esperanza, algo que constituye un testimonio de desprecio a la vida, sobre todo porque se esgrime el argumento de ahorro de fondos al Estado para someter a estas personas a climas extremos.
Por supuesto, el sentido de justicia que caracteriza al espíritu estadounidense ya ha puesto a Arpaio en el ojo de la crítica, al punto de que ya se ha organizado una cruzada que atraviese Estados Unidos y concluya en Washington, ante el Departamento de Justicia, para exigir que este policía frene sus instintos y empiece a darle un trato más humano a los indocumentados, que no han cometido mayor crimen que el de buscar un mejor modelo de vida.
El Departamento de Justicia estadounidense haría un bien a su propia imagen si iniciara una investigación sobre el actuar de este comisario, que sólo acarrea desprestigio a la nación que se proclama adalid de los derechos humanos.
“Estadísticas podemos tener muchas, pero lo importante es ir y ver a la gente, palpar y sentir sus necesidades, pasar hambre con ellos y padecer lo que ellos para entenderlos”.LUIS E. MONTERROSODE OBSERVATORIO
“En este país, la seguridad y la justicia son aún una ilusión. Guatemala está poco antes de las 12 para convertirse en un Estado fallido”.PETER LINDER,EMBAJADOR DE ALEMANIA
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