Guatemala, 13 de julio de 2009

CATALEJOAtaque de Gramma Mario Antonio Sandoval

EL QUINTO PATIOEl costo del abandonoCarolina Vásquez Araya

ECLIPSEInversión seguraIleana Alamilla

ARCA DE ESPEJOSLa Defensa Pública PenalAquiles Pinto Flores

COLABORACIÓNDos GuatemalasLuis Antonio Menéndez

COLABORACIÓNHonduras y la estupidezSadio Garavini di Turno
EDITORIAL
Según el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en Guatemala se está gestando un golpe de Estado contra el presidente Álvaro Colom. La Cancillería guatemalteca no puede ni debe quedarse en silencio ante semejante afirmación, especialmente por las circunstancias actuales del istmo centroamericano a causa de la crisis de Honduras, pero también porque no es aceptable que esas palabras sean consideradas una más de las declaraciones poco meditadas típicas del mandatario venezolano.
El presidente Colom, con quien su colega venezolano afirma tener buena relación, como parte de su responsabilidad como mandatario necesita aclarar expresiones como esa. Según el declarante, tiene informaciones de que tal acción ilegal se está fraguando. Nada más. La única interpretación posible de semejante aseveración es que se trata de un plan para desestabilizar a una región donde Chávez desea continuar afianzando la misma influencia basada en petrodólares que mantiene en otras partes del continente americano.
Chávez pronuncia con demasiada constancia frases que no se pueden tomar en serio. Hace pocos días aseguró estar dispuesto a enviar tropas para acciones militares en Honduras, y que iba a derrocar al presidente nombrado por el Congreso de ese país. Ahora sale con el cuento de que en Guatemala existe peligro de golpe de Estado.
Guatemala ya pasó la etapa histórica de esas acciones militares ilegales. La última fue hace 27 años, en 1982, cuando el Ejército derrocó a Romeo Lucas para comenzar un proceso político que llevó a la Asamblea Nacional Constituyente en 1984 y a las elecciones de 1985, con las que se inició la actual etapa de democracia electoral. En 1993, Jorge Serrano, quien dio un autogolpe de Estado, fue separado de la presidencia por las Fuerzas Armadas, que acataron una orden de la Corte de Constitucionalidad, por lo que esto reencauzó la senda democrática con la llegada a la Presidencia del procurador de los Derechos Humanos Ramiro De León Carpio.
Muchas lunas han pasado desde entonces. El Ejército guatemalteco participó en los acuerdos de paz, que lo redujeron a niveles cuya conveniencia es puesta en duda conforme pasa el tiempo. La institución armada no fue ni ha sido inmune a la corrupción propia de los regímenes que han gobernado al país desde entonces, y ahora está lejos de tener la fuerza y la presencia de la época del conflicto armado interno.
Estas razones hacen abundar los motivos para que hablar de golpes de Estado en Guatemala no tenga sentido. Sin embargo, ello no significa que un presidente pueda repetir el error de Manuel Zelaya, quien retó la autoridad de las instituciones civiles de su país con propósitos reelectorales. Pero eso entra en el campo de la probabilidad, no de la posibilidad. Pese a ello, una afirmación como la de Chávez puede aumentar el nerviosismo despertado por la duda de qué ocurrirá en Guatemala a causa de la crisis hondureña. Por eso, la aclaración del Gobierno guatemalteco debe ser enfática. De lo contrario, daría pábulo para pensar que sabía de antemano que tales declaraciones iban a ocurrir.
“La fuga de información sigue siendo un punto en contra a la hora del combate del contrabando; como Comisión hemos manejado confidencialmente las maniobras, y resulta que se han divulgado”.Raúl díaz,Intendente de aduanas
“Existe el riesgo de que se quiera aprovechar con fines oportunistas la discusión de algunos aspectos de nuestra Constitución, para sacar ventaja política para algún candidato o partido, como sería el caso de la reelección”.EDUARDO STEIN,EX VICEPRESIDENTE
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